El precio internacional del trigo volvió a escalar por el impacto de la crisis en Medio Oriente, el encarecimiento de la energía y los riesgos sobre la oferta global. En Chicago, el cereal pasó de US$ 190 por tonelada a fines de enero a US$ 246 en la última semana, un salto cercano al 30% y el nivel más alto desde junio de 2024, de acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.

El escenario cambió en pocos meses. La continuidad de las restricciones en el Estrecho de Ormuz elevó los costos logísticos y energéticos, con el Brent por encima de los US$ 107 por barril. Ese aumento golpeó de lleno al trigo, un cultivo muy dependiente de fertilizantes nitrogenados, cuyos precios también se movieron al alza.

El impacto sobre la producción global

La suba de costos ya empezó a modificar decisiones productivas en distintos países. En Australia, donde comenzó la siembra, se proyectan recortes de superficie de entre el 4% y el 12%. En Argentina también se espera un ajuste del área antes del inicio de la nueva campaña.

Estados Unidos suma otro foco de presión. La sequía afecta al trigo de invierno y apenas el 19% del área se encuentra sin estrés hídrico. Además, el 35% de los cultivos está en condiciones malas o muy malas, 15 puntos por encima del registro del año pasado.

El cuadro internacional pasó de una expectativa de stocks cómodos a un escenario con posibles recortes de oferta. Esa lectura aceleró la reacción del mercado y empujó los valores del cereal a máximos que no se veían desde mediados de 2024.

Argentina acompaña la suba, pero con tensiones propias

En el mercado local, los futuros de trigo también avanzaron desde enero, aunque con menor intensidad que en Chicago. Los contratos subieron entre 12% y 17%, mientras que la posición julio 2026 sumó US$ 25 por tonelada.

La señal más relevante apareció en la estructura de precios. El mercado pasó de un esquema invertido a uno de carry hasta enero de 2027. Esa curva refleja una expectativa de abastecimiento más ajustado hacia adelante y puede incentivar la retención de mercadería.

La situación genera preocupación en la industria molinera. A los problemas de calidad, con menor disponibilidad de partidas aptas para panificación, se suman dificultades para conseguir volumen pese a una cosecha récord.

La molinería no logra captar más trigo

Durante el primer cuatrimestre del ciclo 2025/26, la molienda alcanzó 1,96 millones de toneladas, apenas un 1% más que el año anterior. El dato contrasta con una producción nacional de 27,9 millones de toneladas, un volumen 50% superior al de la campaña previa.

“El crecimiento de la molienda está muy lejos de reflejar la magnitud de la cosecha”, advirtió Diego Cifarelli. El referente del sector señaló que los molinos están dispuestos a pagar mejores precios por trigo de calidad, pero la mercadería no aparece en los volúmenes necesarios.

Al 15 de abril, la exportación había comprado 14,47 millones de toneladas, muy por encima de los 9,66 millones del año anterior. La molinería, en cambio, acumulaba 2,60 millones de toneladas, casi sin cambios interanuales.

Menos valor agregado en origen

Entre las razones de esta dinámica aparecen la mayor liquidez de los productores por ventas de maíz, también con cosecha récord, y el deterioro del poder de compra del trigo frente al aumento de insumos. Con precios internacionales más altos y costos en alza, los productores tienen más incentivos para administrar la mercadería.

Las proyecciones oficiales estiman una molienda de 7,2 millones de toneladas para el ciclo 2025/26. Desde la industria advierten que ese objetivo puede quedar lejos si persisten las actuales condiciones de abastecimiento y calidad.

“Esto implica menos trabajo argentino y menor valor agregado en origen”, resumió Cifarelli. El dato preocupa al sector porque la Argentina logró una cosecha histórica, pero la disponibilidad para industrializar trigo en el mercado interno no acompaña ese salto productivo.