Pesos o dólares: qué miran las empresas antes de elegir en qué moneda endeudarse
Elegir entre tomar deuda en pesos o hacerlo en dólares no depende únicamente de cuál préstamo ofrece la tasa nominal más baja. Para las empresas, la comparación también exige estimar cuánto puede moverse el tipo de cambio durante la vida del crédito y qué costo tendrá finalmente cancelar esa obligación. Esa diferencia ayuda a explicar por qué el financiamiento en moneda extranjera ganó terreno con fuerza entre las compañías argentinas.
El crédito bancario en dólares al sector privado pasó de alrededor de US$3.500 millones en diciembre de 2023 a más de US$24.000 millones en julio de 2026. La expansión coincidió con tasas en dólares mucho menores a las disponibles en pesos y con una devaluación que avanzó a un ritmo inferior al costo del financiamiento en moneda local durante buena parte del período. El resultado hizo que muchas empresas encontraran más barato asumir deuda en moneda extranjera, aunque con un riesgo cambiario mayor.
El costo en dólares tiene dos componentes
Cuando una compañía toma un préstamo en pesos, el cálculo es relativamente directo: debe afrontar la tasa pactada y devolver el capital en la misma moneda. En dólares aparece una variable adicional, porque además del interés hay que considerar cuánto aumentará la cotización de la divisa antes del vencimiento. Si la empresa genera ingresos principalmente en pesos, una devaluación puede encarecer de manera considerable la devolución del crédito.
La comparación consiste entonces en enfrentar la tasa en pesos con el costo combinado de la tasa en dólares y la variación del tipo de cambio. Si el financiamiento en moneda local resulta más caro que esa suma, endeudarse en dólares puede terminar siendo más conveniente. Si el peso se devalúa más de lo esperado, la ventaja puede desaparecer e incluso transformarse en una pérdida.
La inflación no entra de manera directa en esta cuenta, aunque influye sobre muchas de las variables que terminan determinando el resultado. Para la comparación estricta entre ambas alternativas importa cuánto cuesta el crédito en pesos frente a la tasa en dólares y la devaluación acumulada. La clave está en estimar correctamente ese movimiento cambiario antes de asumir la deuda.
Qué ocurrió entre 2024 y 2026
Entre enero de 2024 y agosto de 2026, las tasas nominales en pesos a 180 días para grandes empresas se ubicaron durante buena parte del período entre 35% y 45% anual, después de haber comenzado en niveles superiores al 120%. Los préstamos en dólares a plazos similares registraron tasas cercanas al 6,5% y 7,5%. Al mismo tiempo, el tipo de cambio pasó de $788,59 a aproximadamente $1.530 por dólar.
Un ejercicio desarrollado por Martín Rapeport, docente de Cálculo Financiero de la UBA, estimó que la capitalización de las tasas en pesos durante esos 32 meses habría llevado el costo acumulado de esa alternativa a alrededor del 161% sobre el capital inicial. Para la deuda en dólares, calculó un costo financiero cercano al 20% en moneda extranjera, al que debía sumarse una devaluación acumulada de alrededor del 94%. Medido finalmente en pesos, el costo total se acercaba al 133%.
Bajo esas condiciones, quien había tomado deuda en dólares terminó necesitando menos pesos para cancelar la obligación que quien eligió un préstamo equivalente en moneda local. Ese resultado no significa que la deuda en moneda extranjera sea siempre más conveniente. Depende de la relación concreta entre las tasas disponibles y el movimiento que finalmente tenga el dólar.
El dato que nadie conoce al momento de pedir el crédito
El principal problema aparece porque ninguna empresa sabe con certeza cuánto valdrá el dólar cuando llegue el momento de devolver el préstamo. Por ese motivo, la decisión exige trabajar con escenarios y estimaciones en lugar de utilizar únicamente el tipo de cambio vigente al momento de tomar la deuda. Una de las referencias disponibles es el mercado de futuros, que permite observar las expectativas sobre la cotización para distintos vencimientos.
Otra herramienta consiste en calcular el denominado tipo de cambio de paridad. Se trata del valor que debería alcanzar el dólar para que ambas alternativas tengan exactamente el mismo costo final. Si la empresa espera que la cotización termine por debajo de ese nivel, el crédito en dólares resulta más barato; si prevé que lo superará, el financiamiento en pesos gana atractivo.
En el ejercicio realizado sobre el período 2024-2026, ese punto de equilibrio estaba cerca de $1.719 por dólar. Como la cotización terminó alrededor de $1.530, la deuda en moneda extranjera conservó la ventaja. Una devaluación mayor a la esperada habría modificado completamente ese resultado.
Los ingresos de la empresa también importan
El análisis cambia cuando la compañía tiene ingresos en dólares. Una exportadora que cobra buena parte de sus ventas en moneda extranjera dispone de una cobertura natural, porque puede utilizar esos mismos dólares para cancelar el préstamo. Para una empresa que factura exclusivamente en pesos, en cambio, cada salto cambiario aumenta el esfuerzo necesario para afrontar la deuda.
Por eso, comparar únicamente las tasas puede llevar a una decisión equivocada. El plazo del crédito, la moneda de los ingresos, la capacidad de absorber una devaluación y las expectativas cambiarias forman parte del mismo cálculo. Lo que resultó conveniente durante un período puede dejar de serlo rápidamente si cambia alguno de esos factores.
El fuerte crecimiento del crédito en dólares muestra que muchas empresas encontraron atractiva esa alternativa durante los últimos años. La conveniencia futura dependerá de cuánto se acerquen las tasas en pesos y en moneda extranjera y, sobre todo, de la evolución del tipo de cambio durante cada préstamo. Para las compañías, el verdadero riesgo no está únicamente en cuánto pagan de interés, sino en equivocarse al estimar cuánto costará el dólar cuando llegue el vencimiento.
