Moverse en bicicleta puede transformar por completo la manera de conocer una ciudad. Más allá de evitar el tránsito o reducir tiempos de traslado, algunas urbes desarrollaron redes de ciclovías, sistemas públicos de bicicletas y calles diseñadas para que pedalear sea una parte cotidiana de la movilidad. Un ranking internacional elaborado por Time Out destacó ocho ciudades que sobresalen por combinar infraestructura, accesibilidad y recorridos atractivos.

La selección surgió de una encuesta realizada a más de 24.000 residentes de distintas partes del mundo. Para ampliar la diversidad geográfica, la publicación eligió únicamente a la ciudad mejor puntuada de cada país. El resultado reúne destinos europeos, asiáticos, africanos y norteamericanos con modelos muy diferentes para integrar la bicicleta al espacio urbano.

Cambridge encabeza el ranking

La ciudad universitaria de Cambridge, en Reino Unido, ocupó el primer lugar. Su terreno mayormente plano, las distancias cortas y una red urbana pensada para ciclistas permiten que aproximadamente un tercio de los desplazamientos se realice en bicicleta. Cerca de la estación ferroviaria funciona además un estacionamiento de varios pisos destinado exclusivamente a estos vehículos.

En el segundo puesto aparece Montreal, considerada una de las ciudades más amigables para pedalear en América del Norte. La ciudad canadiense cuenta con más de 1.000 kilómetros de infraestructura ciclista y desarrolla una red de carriles protegidos que permanecerán operativos incluso durante el invierno. El sistema de bicicletas compartidas BIXI también se convirtió en una pieza importante de su movilidad urbana.

Copenhague completó el podio gracias a décadas de planificación orientada a quienes se trasladan sobre dos ruedas. Sus habitantes recorren en conjunto alrededor de 1,44 millones de kilómetros diarios en bicicleta. La capital danesa combina carriles exclusivos con calles de baja velocidad y modificaciones en las calzadas destinadas a reducir la circulación rápida de automóviles.

Desde Shanghái hasta Viena

El cuarto lugar correspondió a Shanghái, una ciudad donde las bicicletas conviven con automóviles y scooters eléctricos dentro de un tránsito muy intenso. Entre sus principales atractivos aparece el Pudong Riverside Greenway, un corredor de unos 24 kilómetros junto al río Huangpu sin circulación vehicular. El recorrido permite atravesar una parte importante de la ciudad mientras ofrece vistas de su perfil urbano.

Viena quedó en el quinto puesto con una red que alcanza aproximadamente 1.800 kilómetros de carriles para bicicletas. La capital austríaca también dispone de mapas que identifican puntos de reparación y estaciones para inflar neumáticos. Para quienes permanecen pocos días existe además un sistema municipal de bicicletas compartidas.

En sexto lugar aparece Varsovia, favorecida por una geografía mayormente plana y unos 500 kilómetros de senderos. Varios de esos recorridos atraviesan zonas turísticas de la capital polaca y acompañan el río Vístula. La bicicleta permite conectar espacios como el Centro de Ciencias Copérnico, la Universidad de Varsovia y distintos parques sin depender exclusivamente del transporte público.

Marrakech y Taipéi completan la lista

Marrakech ocupó el séptimo lugar, aunque las condiciones cambian considerablemente según la zona. Las calles estrechas de la medina no resultan especialmente cómodas para circular, pero barrios como Gueliz cuentan con avenidas más amplias y sectores destinados a bicicletas. La ciudad también funciona como punto de partida para excursiones hacia las montañas del Atlas.

El octavo puesto quedó para Taipéi, donde la elevada densidad de tránsito convive con una creciente red de infraestructura ciclista. Parques, márgenes de ríos y distintos corredores urbanos ofrecen caminos separados del tráfico motorizado. Entre los recorridos más conocidos aparecen las ciclovías que acompañan los ríos Keelung, Tamsui, Jingmei, Xindian y Shuangxi.

El ranking muestra que no existe un único modelo para convertir una ciudad en un destino atractivo para recorrer en bicicleta. Algunas apostaron por extensas ciclovías protegidas, otras por sistemas compartidos o por reducir la velocidad del tránsito en determinadas calles. En todos los casos, la bicicleta dejó de funcionar únicamente como una alternativa recreativa y pasó a ocupar un lugar más importante dentro de la movilidad urbana.