Autos eléctricos: por qué podrían durar más que los nafteros y cuánto cuesta mantenerlos
Los autos eléctricos tienen menos piezas móviles que los vehículos a combustión y esa diferencia puede traducirse en una vida útil más extensa y menores costos de mantenimiento. Así lo explicó Claudio Damiano, especialista en electromovilidad, al analizar cómo envejecen estas unidades, cuánto se degradan sus baterías y qué gastos aparecen a lo largo de los años. La comparación también alcanza al costo de la energía, los seguros y la disponibilidad de repuestos.
Según Damiano, la ausencia de motor térmico, caja de cambios tradicional y otros componentes sometidos a fricción reduce la cantidad de elementos que pueden desgastarse o fallar. Esa característica llevó a los fabricantes a reforzar otras partes del vehículo, como la estructura, las suspensiones y la carrocería, para acompañar una vida útil potencialmente más prolongada. El especialista señaló que ya existen eléctricos de generaciones anteriores con más de 500.000 kilómetros recorridos e incluso algunos casos que superaron el millón.
Qué pasa con la batería después de miles de kilómetros
La batería continúa siendo una de las principales dudas para quienes evalúan comprar un eléctrico. Damiano sostuvo que los datos disponibles muestran degradaciones de entre 2% y 4% después de aproximadamente 100.000 kilómetros, aunque aclaró que todavía no existen suficientes vehículos actuales con décadas de uso como para establecer una duración definitiva por tiempo. La evolución de la tecnología también hace que las baterías más recientes no sean directamente comparables con las utilizadas una década atrás.
Una pérdida de capacidad no significa además que la batería deje de funcionar. Con el paso de los kilómetros puede almacenar menos energía y, por lo tanto, reducir gradualmente la autonomía disponible, pero continúa siendo utilizable mientras conserve prestaciones suficientes para el vehículo. La duración final depende de factores como la química de las celdas, la temperatura, los hábitos de carga y el uso que reciba cada unidad.
La diferencia aparece también en el costo de uso
El precio inicial de un eléctrico puede ser superior al de un modelo equivalente a combustión, pero Damiano planteó que la comparación debe realizarse sobre todo el período de propiedad. El menor gasto en mantenimiento y energía puede compensar parte de esa diferencia durante seis, ocho o diez años de uso. En la Ciudad de Buenos Aires, según sus cálculos, recorrer un kilómetro mediante una carga doméstica puede costar alrededor de una octava parte que hacerlo con nafta común.
Esa ventaja se reduce cuando se utilizan cargadores rápidos. En estaciones de alta potencia instaladas en rutas, el costo por kilómetro puede acercarse al de un automóvil que utiliza combustible convencional. La disponibilidad y el precio de la infraestructura de carga serán, por eso, variables importantes a medida que aumente la cantidad de vehículos enchufables.
El especialista también mencionó la posibilidad de desarrollar corredores con cargadores de alta potencia cerca de líneas eléctricas existentes. Modelos similares funcionan en otros países y permiten instalar estaciones destinadas tanto a automóviles como a camiones eléctricos. Empresas del sector automotor y energético ya estudian este tipo de infraestructura para acompañar una eventual expansión de la electromovilidad en Argentina.
Seguros y repuestos: qué ocurre cuando hay que reparar un eléctrico
La llegada de estos vehículos también obligó a las aseguradoras a reunir información sobre costos y tiempos de reparación. Federico Polzoni, gerente de Siniestros Motor de La Caja, explicó que la compañía no detectó diferencias relevantes en los tiempos necesarios para reparar eléctricos frente a modelos convencionales dentro de una muestra cercana a 5.000 unidades. Tampoco registró inconvenientes particulares con la disponibilidad de repuestos durante ese período.
Las pólizas pueden resultar algo más caras mientras las compañías acumulan experiencia sobre robos, siniestros y reparaciones. La falta de antecedentes suficientes lleva a las aseguradoras a aplicar criterios más conservadores al calcular algunos precios, una diferencia que puede reducirse a medida que crezca el parque eléctrico. También comenzaron a incorporarse coberturas específicas, como la protección frente al robo de los cables de carga.
Los costos de los repuestos tampoco mostraron, según Polzoni, una diferencia automática por tratarse de un vehículo eléctrico. En modelos de origen chino, algunas piezas tienen valores similares e incluso inferiores a los de automóviles convencionales. La evolución de esos costos dependerá de la escala que alcance el mercado y de la disponibilidad local de componentes.
La durabilidad de un eléctrico no puede reducirse únicamente a la batería ni generalizarse para todos los modelos. Sin embargo, la menor cantidad de piezas móviles, la degradación gradual de las baterías y los primeros registros de vehículos con kilometrajes muy elevados muestran que estas unidades no necesariamente tienen una vida útil menor que los autos a combustión. El costo total dependerá finalmente del precio de compra, la forma de carga, el mantenimiento, el seguro y los años durante los que se mantenga el vehículo.
