Los nuevos agentes de IA ya operan puertos y minas y podrían llegar a Vaca Muerta
La próxima etapa de la inteligencia artificial (IA) apunta a sistemas capaces de ejecutar tareas durante horas, días o incluso períodos más prolongados sin necesitar una instrucción humana para cada paso. Son los llamados agentes de IA, herramientas que pueden analizar información, tomar decisiones dentro de ciertos límites y coordinar acciones para alcanzar un objetivo. China comenzó a desplegar estas tecnologías en sectores industriales como puertos y minería, mientras en Argentina aparecen posibles aplicaciones vinculadas con Vaca Muerta y las compras por internet.
El salto supone una diferencia respecto del uso más conocido de los modelos generativos. En lugar de responder una pregunta o producir un texto ante cada pedido, un agente puede recibir un objetivo, dividirlo en tareas, consultar información y ejecutar distintas acciones de manera consecutiva. Huawei proyecta que hacia 2030 algunos de estos sistemas podrán sostener trabajos durante meses, aunque ese escenario todavía depende de avances en infraestructura y capacidad de procesamiento.
Puertos y minas muestran los primeros usos a gran escala
Uno de los ejemplos presentados durante Huawei Connect 2026, realizado en Shanghái, fue la automatización de operaciones portuarias. La inteligencia artificial puede cruzar datos sobre la llegada de buques, disponibilidad de grúas, espacio para contenedores y movimientos dentro de una terminal para organizar las operaciones. Según la compañía, instalaciones que antes requerían varios trabajadores para manejar una grúa comenzaron a permitir que una sola persona supervise varias unidades.
La minería ofrece otro campo de prueba. En la mina de carbón de Yimin, en Mongolia Interior, comenzó a operar en 2025 una flota de 100 camiones eléctricos autónomos capaces de transportar hasta 90 toneladas cada uno. Los vehículos utilizan cámaras, radares, sensores, sistemas de posicionamiento y conectividad avanzada para desplazarse sin conductor, mientras una plataforma central coordina las rutas de toda la flota.
El crecimiento de estos sistemas también aumenta las exigencias sobre la infraestructura tecnológica. Los agentes necesitan procesar grandes cantidades de datos, conservar información durante más tiempo y comunicarse rápidamente con otros sistemas. Huawei presentó la Atlas 960E SuperPoD como parte de su estrategia para construir infraestructura de inteligencia artificial a partir de miles de chips conectados entre sí.
Qué podría hacer esta tecnología en Vaca Muerta
La aplicación de estas herramientas comenzó a aparecer también en las discusiones sobre la infraestructura de Vaca Muerta. La cooperativa CALF busca desplegar fibra óptica en la formación hidrocarburífera y participó del encuentro tecnológico realizado en China. Una conectividad más amplia permitiría incorporar sistemas capaces de analizar en tiempo real información proveniente de instalaciones distribuidas a lo largo del área productiva.
Carlos Quintriqueo, vicepresidente de CALF, mencionó entre los usos posibles la detección temprana de filtraciones o roturas en ductos de petróleo y gas. Sensores instalados en la infraestructura podrían enviar información continuamente y un sistema de inteligencia artificial analizar variaciones anormales para advertir sobre un problema antes de que alcance una mayor dimensión. La aplicación concreta dependerá de las redes disponibles, las inversiones necesarias y las condiciones de seguridad establecidas para los datos.
La discusión tecnológica está acompañada por una disputa internacional por proveedores, infraestructura y procesamiento de información. Estados Unidos mantiene ventajas en los chips más avanzados, mientras las restricciones impuestas a empresas chinas aceleraron el desarrollo de alternativas propias dentro de China. Esa competencia también alcanzó a Argentina por las discusiones en torno a proveedores tecnológicos para las redes vinculadas con Vaca Muerta.
De la industria a las compras por internet
Los agentes de IA también empiezan a acercarse a tareas mucho más cotidianas. Bancos argentinos trabajan en sistemas que permitirían buscar productos, comparar alternativas y completar una compra desde una conversación con inteligencia artificial. Una primera implementación contempla operar con el catálogo de Frávega y utilizar los medios de pago almacenados en la billetera bancaria del cliente.
El cambio está en que la herramienta dejaría de limitarse a recomendar qué comprar. El sistema podría consultar el catálogo, seleccionar una alternativa según las condiciones indicadas por el usuario, preparar el pedido y habilitar el pago sin obligarlo a recorrer diferentes páginas o aplicaciones. Ese grado de autonomía también obliga a definir con precisión qué acciones puede ejecutar una IA por sí sola y en cuáles debe solicitar una autorización explícita.
La expansión de los agentes dependerá tanto de las mejoras en los modelos como de la capacidad disponible para ejecutarlos. Puertos automatizados, flotas mineras sin conductor, mantenimiento preventivo en yacimientos y asistentes capaces de completar compras representan distintos niveles de una misma transformación. En todos los casos, el desafío será determinar cuánto control conservará la persona antes de que el sistema pase de recomendar una acción a realizarla.
