El entrenador que lleva 20 años junto a una tenista marcada por las lesiones y los regresos
La relación profesional entre Federico Murray y Victoria Bosio comenzó en 2006, cuando la tenista todavía competía en categorías juveniles, y se mantuvo durante dos décadas atravesadas por lesiones, interrupciones y dificultades económicas. El entrenador acompañó a la santafesina desde sus primeros torneos de menores hasta su actual regreso al circuito internacional. A los 31 años y ubicada en el puesto 339 del ranking WTA, Bosio continúa compitiendo con el objetivo de volver a disputar las clasificaciones de los Grand Slam.
El primer torneo que compartieron fue un Grado 2 de menores en Rosario. Poco después llegó el debut internacional del equipo en Villa Alemana, Chile, cuando Bosio iniciaba una etapa juvenil que posteriormente la llevaría hasta el puesto 12 del mundo y a competir en torneos de Grand Slam de esa categoría. Desde entonces, Murray permaneció como entrenador incluso durante los períodos en los que las lesiones dejaron a la jugadora fuera de competencia.
«El entrenador tiene que estar mucho más en las malas que en las buenas. Para mí Vito es como una hija», explicó Murray en una entrevista con Infobae. A lo largo de esos años, señaló, su función excedió en numerosas ocasiones el trabajo técnico dentro de una cancha. «Cuando llegan las etapas difíciles hay que estar para ayudar, cebar un mate, cocinarle algo rico o simplemente acompañarla», resumió.
Más de seis años fuera de competencia por lesiones
Los problemas físicos condicionaron buena parte de la trayectoria profesional de Bosio. La tenista perdió en conjunto más de seis años de competencia y arrastra desde el final de su etapa Sub-18 una pubalgia crónica que llegó a limitar severamente su vida cotidiana. Murray recordó períodos en los que el dolor era tan intenso que su dirigida apenas podía caminar o permanecer sentada.
«Llegó a viajar parada en un avión porque le dolía más estar sentada que de pie», relató el entrenador. Según recordó, Bosio atravesó momentos en los que incluso el contacto con una sábana resultaba molesto. Las sucesivas recuperaciones obligaron al equipo a comenzar prácticamente desde cero en distintas oportunidades.
La jugadora permaneció toda la temporada 2022 alejada de las canchas, volvió a sufrir una ausencia de ocho meses durante 2023 y estuvo otros cuatro meses sin competir en 2024. Murray asegura que durante esos períodos siempre dejó abierta la posibilidad de que Bosio decidiera continuar con él o buscar otra alternativa. La tenista optó por mantener el vínculo y seguir intentando regresar al circuito.
«Vito lloró 100 veces en mi hombro», contó el entrenador. Bosio también describió anteriormente a Murray como «mi segundo padre y madre juntos» y destacó la relación que construyeron dentro y fuera de la competencia. En sus etapas más difíciles, la santafesina llegó a considerar qué haría con su vida si abandonaba definitivamente el tenis.
El desafío económico detrás del circuito profesional
Cada recuperación física estuvo acompañada por otro problema: financiar nuevamente una carrera internacional. Bosio desarrolló gran parte de su trayectoria en el circuito ITF, donde conquistó nueve títulos, pero los premios económicos y las condiciones disponibles están lejos de los principales torneos de la WTA. Viajes, alojamiento, preparación física y acompañamiento profesional pueden representar una parte considerable del presupuesto.
Murray explicó que alcanzar un mejor ranking permitió al equipo participar durante 2026 en distintos torneos WTA 125. Superar las clasificaciones en ese nivel significa acceder a mayores premios y, en determinados casos, disponer de alojamiento cubierto por la organización. Esas diferencias resultan importantes para jugadores que deben administrar cuidadosamente el costo de cada gira.
Las lesiones también afectaron los acuerdos comerciales que Bosio había conseguido durante su etapa juvenil. Mientras se encontraba entre las mejores juniors contaba con patrocinadores de indumentaria y equipamiento, pero buena parte de esos respaldos desapareció durante sus períodos de inactividad. Murray combinó entonces su trabajo con la tenista con actividades en el Club Cunit, ubicado en Tarragona, España.
El entrenador reconoció que recibió propuestas para trabajar con otros jugadores durante estas dos décadas, aunque nunca tomó otro proyecto de manera permanente. En algunas ocasiones acompañó a otras tenistas como forma de compartir gastos y sostener económicamente las giras de Bosio. En la etapa actual, prefiere concentrar nuevamente su trabajo exclusivamente en ella.
El objetivo de volver a un Grand Slam
El equipo se completa actualmente con el fisioterapeuta Luis Zamprogna, el preparador físico Javier Capitaine y la psicóloga deportiva Carina Morelli. Bosio destacó el acompañamiento del grupo después de alcanzar buenos resultados en recientes torneos internacionales disputados en Argentina. Entre ellos aparecen la final del W35 de Pergamino y las semifinales del W35 de Chacabuco.
Después de tantos años compartidos, Murray asegura que ambos aprendieron también a administrar discusiones y tensiones propias de una relación profesional tan prolongada. Fuera de las canchas encontraron en las comidas y en momentos cotidianos una forma de distenderse durante las giras. Esa convivencia se convirtió en otra parte de una sociedad que atravesó diferentes etapas deportivas y personales.
El objetivo que permanece pendiente es regresar al escenario que Bosio conoció durante su etapa juvenil. La tenista aspira a disputar nuevamente las clasificaciones de los torneos de Grand Slam, esta vez como profesional. Para Murray, alcanzar esa instancia representaría la culminación de un recorrido sostenido durante 20 años entre lesiones, regresos y temporadas en las que continuar compitiendo estuvo lejos de ser una certeza.