La expansión de la inteligencia artificial (IA) también empieza a modificar el trabajo cotidiano de los estudios jurídicos. Magnar, una legaltech nacida en Chile, prepara su desembarco en la Argentina después de recaudar US$800.000 en rondas de inversión y alcanzar más de 25.000 abogados usuarios en América Latina. La compañía proyecta llegar a 50.000 profesionales durante 2027 y ya cuenta con más de 1.000 registros en el mercado argentino.

La plataforma utiliza inteligencia artificial para realizar búsquedas, analizar documentación jurídica, resumir normas y elaborar borradores. A diferencia de los sistemas de propósito general, trabaja sobre una base propia construida con información normativa y jurisprudencial de cada país. Para su llegada a la Argentina, la empresa lleva meses incorporando fuentes oficiales de alcance nacional, federal y provincial.

Andrés Arellano, CEO y cofundador de Magnar, considera que la adopción de estas herramientas liberará a los abogados de una parte importante de las tareas repetitivas. «La entrada de la IA va a oxigenar mucho la industria legal», sostuvo, aunque remarcó que el criterio profesional y la creatividad mantendrán un papel central. Para el ejecutivo, las firmas jurídicas también deberán incorporar perfiles tecnológicos directamente a sus equipos de negocio.

Argentina, el próximo mercado de expansión

Magnar ya opera en Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, Colombia y Uruguay. Sus oficinas centrales se encuentran en Santiago y la empresa cuenta actualmente con un abogado en Buenos Aires, mientras proyecta sumar equipos comerciales, de soporte y atención al cliente. La Argentina se convirtió en la principal prioridad dentro de su estrategia regional.

«Es un mercado muy desarrollado tecnológicamente y estamos seguros de que va a haber una adopción muy rápida», señaló Arellano. El ejecutivo destacó además la complejidad del entramado normativo argentino y sostuvo que la precisión resulta especialmente relevante en un contexto de cambios frecuentes. Los más de 1.000 usuarios registrados antes del desembarco formal forman parte de las primeras pruebas de esa demanda.

La empresa recibió US$800.000 de fondos como BuenaOnda, Platanus Ventures y Punto Cero Ventures. Ese capital respalda el proceso de expansión y el desarrollo de la plataforma para nuevos mercados. Magnar no cobra por cada licencia individual, sino de acuerdo con el nivel de uso, con el objetivo de que distintos integrantes de un estudio puedan acceder al sistema.

Fuentes verificables y revisión profesional

Uno de los puntos que la compañía presenta como diferencial es la trazabilidad de las respuestas. La herramienta trabaja sobre su propia base documental y entrega referencias hacia las fuentes oficiales utilizadas para elaborar cada resultado. El sistema busca reducir así las denominadas «alucinaciones», respuestas incorrectas que pueden producir los modelos de inteligencia artificial.

Arellano aclaró que esa tecnología no reemplaza la responsabilidad de los profesionales. «Es una herramienta de apoyo y todo el trabajo que genera hay que revisarlo», explicó. La plataforma también puede integrarse con Microsoft Word y gestores documentales utilizados habitualmente por los estudios.

La compañía señala además que utiliza estándares de seguridad como ISO 27001, SOC 2 Tipo 2 y cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos europeo. También se encuentra en proceso de certificación ISO 42001 para la gestión responsable de sistemas de inteligencia artificial. La confidencialidad aparece entre las principales preocupaciones por el tipo de documentación que manejan abogados y empresas.

Cómo puede cambiar el trabajo de los abogados

Un informe de Thomson Reuters indicó que el 80% de los profesionales legales espera que la inteligencia artificial tenga un impacto transformador elevado sobre su trabajo durante los próximos cinco años. Entre los beneficios señalados aparecen principalmente el ahorro de tiempo y una mayor productividad. Para Arellano, las tareas de análisis e investigación tenderán a automatizarse cada vez más.

El cofundador de Magnar considera que los abogados que no incorporen estas herramientas enfrentarán una desventaja frente a quienes sí lo hagan. Comparó la diferencia con «arar con un caballo» mientras otro competidor utiliza un tractor, aunque sostuvo que la tecnología reemplazará tareas y no necesariamente personas. El conocimiento jurídico, la capacidad de evaluación y la creatividad pasarían a ocupar un lugar todavía más importante.

Ese cambio también alcanza a la formación universitaria. Magnar mantiene conversaciones con instituciones educativas sobre las capacidades que necesitarán los futuros abogados, pero Arellano advirtió que enseñar únicamente el uso de herramientas actuales puede quedar rápidamente desactualizado. «No tiene sentido que los estudiantes sean expertos en las herramientas que existen en 2026, porque en 2028 van a ser otras completamente distintas», afirmó.