La interrupción de un trabajo en relación de dependencia no impide continuar sumando años de aportes para la futura jubilación. Quienes dejan su puesto para iniciar una actividad propia o atraviesan un período de desempleo pueden recurrir a distintos mecanismos previstos por el sistema previsional. La elección dependerá de la edad, los años ya registrados y la situación laboral de cada persona.

Una de las alternativas es inscribirse como monotributista o trabajador autónomo y realizar los aportes por cuenta propia. La abogada previsional Silvia Arce explicó que esta modalidad permite mantener la continuidad previsional aunque ya no exista un empleador que efectúe las contribuciones. Los períodos abonados bajo esos regímenes sirven para completar los años de servicio exigidos para acceder a la jubilación.

También puede computarse el tiempo durante el cual una persona cobra la prestación por desempleo, siempre que cumpla con los requisitos correspondientes. Ese período suma antigüedad previsional y puede evitar que se interrumpa por completo la historia de aportes. Otra opción mencionada es el Plan de Pago de Deuda Previsional establecido por la Ley 27.705, que permite regularizar períodos faltantes bajo las condiciones previstas por el régimen.

Cómo puede influir en el haber jubilatorio

La Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) utiliza las últimas 120 remuneraciones registradas en relación de dependencia para calcular una parte del haber inicial. Esos diez años no necesariamente deben corresponder al período inmediatamente anterior al retiro. Si una persona continúa luego como monotributista o autónoma, el organismo considera las últimas remuneraciones que tuvo como empleada.

Los pagos realizados mediante el monotributo permiten sumar años de aportes, pero no se incorporan de la misma manera al promedio salarial utilizado para determinar el haber. Por ese motivo, dejar un empleo formal no implica automáticamente perder los salarios ya registrados para el cálculo. La incidencia concreta dependerá de la trayectoria previsional completa de cada trabajador.

Antes de tomar una decisión conviene revisar la historia laboral disponible en ANSES y comprobar si todos los períodos fueron correctamente informados. También resulta importante identificar aportes faltantes, empleadores que no hayan declarado servicios o años que puedan regularizarse. Detectar esos problemas con anticipación permite evaluar las alternativas antes de alcanzar la edad jubilatoria.

La opción para quienes no completaron los aportes

Las personas que llegan a los 65 años sin reunir los 30 años de aportes requeridos pueden evaluar el acceso a la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM). La prestación está destinada a quienes no pueden obtener una jubilación ordinaria ni cobran otro beneficio previsional. También exige acreditar los años de residencia en el país establecidos para argentinos y extranjeros.

El monto de la PUAM equivale al 80% de una jubilación mínima y se percibe de manera vitalicia. Además, incluye cobertura de salud y permite acceder a determinadas asignaciones familiares y prestaciones ofrecidas por ANSES. No equivale a una jubilación contributiva, pero funciona como una cobertura para quienes no lograron completar los años exigidos.

La planificación de los últimos años laborales puede evitar demoras y dificultades al momento de iniciar el trámite. Continuar aportando como monotributista o autónomo, solicitar la prestación por desempleo o analizar los mecanismos de regularización son alternativas que deben evaluarse según cada caso. Una consulta previsional también puede ayudar a determinar qué opción protege mejor el acceso al beneficio y el monto futuro.