La entrega del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado, recibido en su nombre por su hija Ana Corina Sosa Machado, dejó una fuerte denuncia internacional contra el régimen de Nicolás Maduro y un llamado a la reconstrucción democrática de Venezuela. Machado llegará a Oslo en las próximas horas, según adelantaron sus colaboradores, mientras que el Instituto Nobel exigió la renuncia del mandatario y cuestionó sus vínculos con Rusia, China, Cuba, Irán y Hezbollah.

En un discurso cargado de tensión política y testimonios personales, leído por su hija, Machado enmarcó su mensaje en la travesía colectiva de su país. “He venido a contarles una historia, la historia de un pueblo y su larga marcha hacia la libertad”, afirmó. Recordó la diversidad de las raíces venezolanas y la constitución republicana de 1811, donde “cada ser humano posee una dignidad soberana”.

Machado repasó los años de prosperidad del siglo XX y el rol de Venezuela como refugio para migrantes de distintos continentes. Luego describió el inicio del deterioro democrático: “El cabecilla de un golpe militar contra la democracia fue elegido presidente”. A partir de allí, denunció: “Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia”.

El colapso del país quedó reflejado en cifras: “La economía colapsó más de un ochenta por ciento, la pobreza superó el ochenta y seis por ciento, y nueve millones de venezolanos se vieron obligados a huir”. También señaló cómo la represión buscó dividir a la sociedad: “Nos asfixiaron, nos encarcelaron, nos mataron, nos empujaron al exilio”.

La líder opositora reconstruyó la resistencia cívica, desde las elecciones primarias hasta la presidencial del 28 de julio de 2024. “Edmundo González ganó con el sesenta y siete por ciento de los votos, en cada estado, ciudad y pueblo”, sostuvo. La respuesta del régimen, dijo, fue inmediata: secuestros, desapariciones y torturas. “Mujeres y adolescentes encarceladas siguen hoy sometidas a esclavitud sexual”, denunció.

Machado destacó que, pese a la persecución, la organización opositora se mantuvo activa: “Durante estos dieciséis meses en la clandestinidad hemos construido nuevas redes de presión cívica”. Y apuntó que el Nobel recuerda al mundo que “la democracia es esencial para la paz”.

El cierre del mensaje abrió una imagen de futuro: “Venezuela volverá a respirar. Abriremos las puertas de las cárceles y veremos salir el sol a miles de inocentes que fueron encarcelados injustamente”. Y lanzó una promesa que resonó en el auditorio: “Pronto, el mundo presenciará el regreso de los nuestros a casa, y yo estaré allí”.