El ausentismo escolar alcanza niveles significativos en la Argentina y aparece asociado con menores resultados de aprendizaje y un mayor riesgo de desvinculación. Un informe técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señaló que el 44% de los estudiantes del último año de secundaria declaró haber faltado 15 días o más durante el ciclo lectivo, una cantidad equivalente al menos a un mes de clases. Apenas el 4% manifestó no haber tenido ninguna ausencia.

El documento «Asistencia escolar y políticas para el sostenimiento de trayectorias» fue elaborado por Juan Suasnábar, Tamara Vinacur y Silvina Alegre. El trabajo combina bibliografía especializada, evaluaciones estandarizadas, registros administrativos y un análisis de las normas vigentes en distintas jurisdicciones argentinas. A partir de esos datos, propone utilizar la asistencia como una herramienta de detección temprana para identificar trayectorias educativas en riesgo.

El problema aparece también desde la escuela primaria. Según el Estudio Regional Comparativo y Explicativo 2019 de la UNESCO, el 46% de los alumnos argentinos de tercer grado y el 50% de los de sexto dijeron haberse ausentado al menos dos veces durante el mes previo a la evaluación. El informe considera ese nivel equivalente a perder como mínimo un 10% del tiempo mensual de clases.

Qué relación encontraron con el aprendizaje

Los datos analizados muestran diferencias de desempeño entre los estudiantes con asistencia regular y aquellos que faltan de manera reiterada. En Matemática de sexto grado, los alumnos argentinos con ausentismo recurrente obtuvieron hasta 28 puntos menos que sus compañeros con mayor asistencia. Según el BID, fue la brecha más amplia entre los 17 países incluidos en el ERCE 2019.

Los resultados de PISA 2022 mostraron un patrón similar entre jóvenes de 15 años. Quienes habían faltado al menos a una clase durante las dos semanas anteriores a la evaluación presentaron diferencias de entre 15 y 22 puntos en lectura, matemática y ciencias respecto de quienes no registraron ausencias. Cuando las inasistencias se extendían durante más de tres meses, la distancia superaba los 40 puntos en las tres áreas.

Los directivos escolares también identifican el ausentismo como una dificultad para la enseñanza. Según Aprender 2022, más de la mitad de los estudiantes secundarios concurría a establecimientos cuyos responsables consideraban las ausencias frecuentes entre los principales problemas educativos. Esa percepción era más habitual en escuelas estatales y en contextos socioeconómicos de mayor vulnerabilidad.

Las faltas también pueden anticipar una desvinculación

El informe incorpora registros nominales que permiten seguir cómo cambia la asistencia de cada estudiante durante el año. Un análisis de la Secretaría de Educación de la Nación, elaborado con información del Sistema Integral de Información Digital Educativa, identificó distintos patrones de trayectoria. Entre ellos aparecen alumnos con asistencia sostenida, otros con períodos de alta inasistencia y posterior recuperación y un tercer grupo cuya presencia en la escuela disminuye progresivamente.

En este último perfil, denominado «desvinculación progresiva», la probabilidad de no matricularse durante el ciclo siguiente alcanzó el 55%. Las calificaciones promedio también descendieron hasta 3,2 puntos sobre diez tanto en Lengua como en Matemática. Entre quienes mantenían una asistencia regular, en cambio, la probabilidad de no continuar matriculados se ubicaba entre el 3% y el 6%.

Para los autores, seguir la evolución de las faltas puede permitir una intervención antes de que la desvinculación se consolide. El dato cobra relevancia cuando las ausencias dejan de ser episodios aislados y comienzan a repetirse o aumentar a lo largo del ciclo lectivo. El objetivo es que las escuelas puedan identificar esos cambios con suficiente anticipación.

Diferencias entre las normas provinciales

El estudio encontró además criterios distintos para regular la asistencia entre las jurisdicciones. En la escuela primaria bonaerense se exige un 80% de presencia sobre los días efectivos de clase, mientras que Río Negro y Corrientes establecen para el nivel secundario un mínimo del 75%. Mendoza utiliza otro esquema y fija un máximo de 20 inasistencias anuales.

También existen diferencias en la forma de responder cuando un estudiante supera esos límites. Las normas sancionadas entre 2010 y 2017 estaban más orientadas a la condición administrativa de alumno regular, mientras que varios regímenes posteriores incorporaron tutorías, acompañamiento y planes de continuidad pedagógica. Jujuy, Córdoba, Chaco y la Ciudad de Buenos Aires aparecen entre las jurisdicciones mencionadas dentro de esta segunda tendencia.

El BID propone organizar las políticas de asistencia alrededor de cuatro componentes: gobernanza, indicadores y umbrales de alerta, sistemas de información y protocolos de intervención. Los autores remarcan que registrar las faltas de manera digital resulta insuficiente si la información no deriva después en una respuesta concreta de la escuela. La propuesta apunta a combinar el seguimiento de los datos con acciones dirigidas al estudiante y su familia.

El documento recoge experiencias regionales como las de Chile, Brasil y Uruguay. Entre ellas figuran sistemas automáticos de alerta, programas que vinculan la asistencia con transferencias monetarias y comunicaciones personalizadas con las familias. En el caso uruguayo, una experiencia desarrollada por la Administración Nacional de Educación Pública junto al Behavioral Insights Team logró reducir las inasistencias un 6% mediante cartas informativas.