El recorte de peso que atravesó Khamzat Chimaev antes de enfrentar a Sean Strickland volvió a poner bajo discusión una de las prácticas más riesgosas de las artes marciales mixtas. Según relató el excampeón TJ Dillashaw, el peleador checheno llegó a un estado físico crítico durante la semana previa al combate en UFC 328. El objetivo era alcanzar el límite de las 185 libras, equivalente a unos 84 kilos.

El testimonio encendió alarmas por la gravedad de los síntomas descriptos. Dillashaw aseguró que Chimaev vomitó bilis, sufrió debilidad extrema y llegó a considerar ofrecer dinero a su rival para cancelar la pelea. Para el excampeón, el luchador no estaba en condiciones de competir.

Una semana crítica antes del combate

De acuerdo con el relato citado por Mundo Deportivo, el problema estuvo vinculado con una mala planificación del corte de peso. Chimaev debía llegar al límite de la división mediana, pero el proceso se habría realizado de manera desordenada y con una carga excesiva sobre su cuerpo. El cuadro fue seguido con preocupación por su entorno.

Dillashaw afirmó que el peleador bebió mucha menos agua de la recomendada y luego intentó perder una cantidad de peso demasiado alta en poco tiempo. Según su descripción, el cuerpo del atleta terminó cediendo ante el esfuerzo. También recordó que Chimaev tiene solo la mitad de la tiroides, una condición que puede afectar su metabolismo y aumentar los riesgos en procesos extremos.

El episodio habría impactado de lleno en su rendimiento. Tras el primer asalto, la debilidad del peleador era evidente y su nivel físico quedó lejos del esperado para una pelea de alto nivel. Para Dillashaw, el caso muestra que no alcanza con la voluntad del atleta si el equipo no controla cada etapa del proceso.

Críticas al equipo de preparación

El excampeón también cuestionó la estrategia elegida por el entorno de Chimaev. Sostuvo que había recomendado trabajar con Sam Calavitta, preparador físico conocido por su seguimiento minucioso en recortes de peso. Sin embargo, el peleador decidió continuar con su equipo habitual.

Para Dillashaw, esa decisión fue determinante. El recorte terminó exponiendo al luchador a un nivel de deshidratación y desgaste que pudo haber tenido consecuencias graves. El caso volvió a instalar la necesidad de controles profesionales más estrictos dentro de la disciplina.

Los cortes de peso son habituales en la UFC, pero siguen siendo una de las zonas más sensibles del deporte. Cuando se realizan sin supervisión adecuada, pueden provocar deshidratación severa, pérdida de fuerza, fallas en la recuperación y riesgos para la salud. El episodio de Chimaev dejó esa discusión otra vez en primer plano.

Futuro deportivo y debate abierto

Tras el combate, el presidente de la UFC, Dana White, reconoció presiones del equipo de Chimaev para organizar una revancha contra Strickland, según el reporte citado. Sin embargo, la magnitud del episodio generó dudas sobre la conveniencia de una recuperación inmediata. La situación obliga a evaluar tanto el estado físico del peleador como el modo en que se planifican sus próximos compromisos.

El caso también expone una pregunta más amplia para la organización y los equipos técnicos. La exigencia competitiva no puede quedar separada de la salud de los atletas. En una disciplina donde el margen físico es mínimo, un recorte mal gestionado puede cambiar el resultado de una pelea y poner en riesgo la carrera de un deportista.

Lo ocurrido con Chimaev dejó una advertencia para la élite de las artes marciales mixtas. El sacrificio extremo puede ser parte del relato deportivo, pero sin control profesional puede transformarse en un riesgo real. La discusión ahora pasa por reforzar protocolos, revisar prácticas y evitar que llegar al peso pese más que llegar en condiciones de competir.