La presión tributaria sobre la producción agrícola tuvo una leve baja, pero continúa en niveles elevados. Según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el Estado se queda con el 61,9% de lo que genera una hectárea agrícola. El dato quedó apenas por debajo del 62,5% registrado en la medición anterior.

El índice de FADA contempla impuestos nacionales, provinciales y municipales. También calcula cómo se distribuye el dinero que queda después de cubrir los costos de producción. De cada $100 de renta agrícola, $61,9 van a impuestos, $29,7 corresponden al valor de quienes alquilan la tierra y $8,5 quedan como ganancia.

Diferencias entre cultivos y provincias

El relevamiento mostró que no todos los cultivos tuvieron el mismo comportamiento. El trigo y el girasol registraron mejoras por la suba de precios, mientras que el maíz sintió con más fuerza el aumento de los costos. En el caso del trigo, además, influyó la baja de retenciones del 7,5% al 5,5%.

La economista de FADA, Antonella Semadeni, señaló que el trigo y el girasol se beneficiaron por mejores precios. También indicó que en el trigo pesó el recorte de derechos de exportación. De todos modos, el informe advirtió que insumos como la urea y los fletes siguieron presionando sobre los márgenes.

Por provincias, la carga fiscal también mostró diferencias. Entre Ríos tuvo el índice más alto, con 65,5%, seguida por Córdoba, con 60,2%. En Buenos Aires fue de 59%, en La Pampa de 58,9%, en San Luis de 58,2% y en Santa Fe de 55,6%.

El peso de los impuestos nacionales

El informe detalló que la mayor parte de la carga corresponde a tributos nacionales no coparticipables. Ese grupo representa el 56,7% del total y está integrado principalmente por retenciones y el impuesto a los créditos y débitos bancarios. Los impuestos nacionales coparticipables explican otro 32,9%.

En tanto, los impuestos provinciales representan el 9,3% de la carga y los municipales, el 1,1%. Para FADA, la estructura tributaria sigue siendo uno de los principales factores que condicionan la rentabilidad del sector. La entidad remarcó que la baja frente a la medición previa no cambia el diagnóstico general sobre el peso fiscal.

El Gobierno dispuso una baja de retenciones para trigo y cebada, mientras que para soja, girasol, maíz y sorgo está prevista una reducción escalonada desde enero. En el sector productivo, esas medidas son leídas como un alivio parcial. Sin embargo, los costos de producción y la presión tributaria siguen marcando el resultado final de cada campaña.

Costos que presionan sobre los márgenes

Uno de los puntos señalados por el informe fue el encarecimiento de la urea, un fertilizante clave para la producción. Según FADA, ese insumo subió 48% en el año y se mantiene en niveles altos. La situación impacta especialmente en cultivos como el maíz, que requiere una mayor inversión tecnológica.

La relación entre insumos y producción refleja esa presión. Actualmente se necesitan 4 toneladas de maíz para comprar una tonelada de urea, mientras que en el trigo hacen falta 3,4 toneladas. Ese indicador muestra cómo los costos pueden absorber parte de la mejora de precios y limitar la recuperación de los márgenes agrícolas.