El Banco Central de la República Argentina (BCRA) flexibilizó las condiciones para que empresas sin ingresos propios en divisas puedan acceder a créditos en dólares. La medida quedó formalizada mediante la Comunicación «A» 8446 y permite que bancos otorguen financiamiento en moneda extranjera a compañías del mercado interno, siempre que cuenten con una garantía de una firma exportadora. El cambio amplía el universo de posibles tomadores de préstamos y modifica una regla histórica del sistema financiero local.

Hasta ahora, los créditos en dólares estaban reservados principalmente para empresas con ingresos comprobables en esa moneda. La nueva normativa habilita a compañías no exportadoras a acceder al financiamiento si una empresa exportadora actúa como garante. Ese respaldo deberá estar constituido en moneda extranjera y la firma exportadora tendrá que asumir el compromiso de principal pagador.

Cómo funcionará el nuevo esquema

La empresa que pide el crédito ya no necesitará demostrar ingresos futuros en dólares para cumplir con los vencimientos. En su lugar, deberá presentar una garantía otorgada por una exportadora que sí cuente con flujo de divisas. El cronograma de pagos y la evaluación del financiamiento quedarán vinculados a la capacidad de pago del garante.

El exportador deberá renunciar a los beneficios de excusión y división. Esto significa que, ante un incumplimiento de la empresa deudora, el banco podrá reclamarle el pago directamente al garante sin agotar antes otras instancias. Para las entidades financieras, esa estructura busca reducir el riesgo de otorgar dólares a firmas que no generan divisas por su propia actividad.

Los bancos igualmente deberán evaluar la capacidad de pago de ambas partes. La normativa mantiene criterios de análisis crediticio, documentación y clasificación de deudores. También excluye de la capacidad prestable a determinadas financiaciones consideradas irrecuperables y totalmente previsionadas.

La advertencia de Moody’s

La calificadora Moody’s señaló que la medida puede canalizar la liquidez ociosa en dólares del sistema bancario hacia el crédito productivo. Sin embargo, también advirtió que el esquema introduce riesgos si crece con rapidez o si cambia el escenario cambiario. El punto central es que el deudor principal puede no tener ingresos en dólares, por lo que queda expuesto ante una suba fuerte del tipo de cambio.

Según el análisis de la agencia, la calidad crediticia de estas operaciones dependerá en buena medida de la solidez financiera del exportador que actúe como garante. En condiciones normales, esa garantía puede funcionar como un mitigante robusto. Pero en un escenario de estrés macroeconómico, podría deteriorarse al mismo tiempo la situación del deudor y la del garante.

Moody’s también marcó un riesgo procíclico. Si los préstamos en dólares a empresas no exportadoras crecen durante una etapa de estabilidad cambiaria, los bancos podrían acumular exposición en un segmento vulnerable ante una corrección del tipo de cambio. La agencia sostuvo que el impacto final dependerá del volumen de originación y de la capacidad de los bancos para evaluar estructuras garantizadas.

Más crédito, pero con controles

La medida se da en un contexto de fuerte crecimiento de los depósitos privados en dólares. Para el sistema financiero, esos fondos representan una fuente de liquidez que puede destinarse a préstamos productivos bajo nuevas condiciones. La flexibilización abre una puerta especialmente para empresas vinculadas a cadenas de valor exportadoras, aunque no tengan ventas directas al exterior.

La calificadora no espera un salto inmediato y masivo de este tipo de créditos. Su evaluación es que la adopción podría ser gradual, como ocurrió con flexibilizaciones anteriores. Aun así, remarcó que los bancos deberán prestar especial atención a la capacidad de pago de los garantes y a los escenarios de estrés cambiario.

El cambio regulatorio marca una ampliación relevante del crédito en dólares dentro del sistema financiero argentino. Para el BCRA, la nueva modalidad permite aprovechar depósitos en moneda extranjera y acercar financiamiento a más empresas. Para Moody’s, el esquema puede funcionar si se administra con prudencia, pero exige controles estrictos para evitar que una corrección cambiaria afecte la calidad de los activos bancarios.