Atlético Tucumán reaccionó a tiempo y arrancó el Clausura con un triunfo frente a San Martín de San Juan
En un final dramático, Atlético Tucumán logró arrancar con el pie derecho y consiguió en el final el triunfo por 2-1 ante San Martín de San Juan por la primera fecha del Torneo Clausura. El Decano pegó de arranque con el gol de Franco Nicola, se lo empataron en tiempo de descuento por un tanto en contra de Kevin Ortiz y festejó de manera agónica gracias a Nicolás Laméndola. El Verdinegro sigue en el fondo de la tabla y complicado con el descenso.
Atlético arrancó con decisión. El equipo de Lucas Pusineri se mostró más compacto, más ambicioso. Y esa actitud encontró recompensa rápido: una contra quirúrgica, una asistencia perfecta de Mateo Coronel y una definición precisa de Franco Nicola encendieron la tarde tucumana. El VAR puso suspenso, pero convalidó lo evidente: el gol era lícito y el grito, inevitable.
Desde ese momento, el conjunto local manejó con solvencia las acciones. Con buen uso de la pelota, amplitud en ataque y orden defensivo, supo aprovechar la confusión de un San Martín atado a sus propias urgencias. El equipo sanjuanino, obligado a sumar por su frágil situación en los promedios, mostró poco: estuvo impreciso, desconectado y sin peso ofensivo. Apenas un remate forzado al cierre del primer tiempo obligó a Juan González a intervenir.
Pero el fútbol también castiga las concesiones. Y Atlético, que había bajado la intensidad en el complemento, empezó a ceder terreno. Romagnoli metió mano desde el banco y San Martín creció, sin brillar, pero con empuje. El Verdinegro se animó con la pelota parada y encontró en ella su mayor amenaza.
Así, en tiempo agregado y tras una serie de errores en la última línea decana, llegó el baldazo de agua fría: una jugada de Santiago Salle terminó haciendo que San Martín consiga el gol y un 1-1 que parecía cerrar la tarde con un sabor amargo para el local.
Sin embargo, el guion aún tenía una escena más. Cuando el empate ya parecía firmado, apareció Ramiro Ruiz Rodríguez -otro que entró desde el banco- para filtrar un pase quirúrgico a Laméndola, que con temple y precisión puso el 2-1 definitivo. Gol de película. Grito desaforado. Victoria en el epílogo.
