La definición sobre la compra de gas natural licuado (GNL) para cubrir el pico de consumo del invierno sigue abierta y suma presión sobre el esquema energético. El proceso quedó en pausa tras la nueva ronda de ofertas entre Naturgy y Trafigura, en una licitación atravesada por la suba de los precios internacionales y por un cambio de fondo en la estrategia oficial: por primera vez, el Estado se corre por completo de la importación y deja en manos privadas la compra, la logística y el riesgo operativo.

Ese giro ocurre en un contexto más complejo que el de años anteriores. Según el economista especializado en energía Juan José Carbajales, el abastecimiento de GNL para este invierno podría costar hasta USD 1.400 millones, una cifra que duplicaría el gasto de 2025. El salto está vinculado al nuevo escenario global de la energía, con un mercado tensionado por el conflicto en Medio Oriente y una oferta más restringida.

Una licitación todavía sin definición

La Secretaría de Energía todavía no resolvió quién se quedará con la operación. En la última instancia, Naturgy presentó una oferta de USD 4,50 por millón de BTU y Trafigura propuso USD 4,57. La diferencia volvió a ser mínima, como ya había ocurrido en la ronda anterior, cuando apenas unos centavos separaron las propuestas y obligaron a activar el mecanismo de desempate previsto en los pliegos.

Desde el área que conduce María Tettamanti señalaron que seguirán revisando costos y condiciones antes de adjudicar. La demora no es menor, porque mientras la discusión administrativa sigue abierta, el calendario se acorta y el mercado internacional muestra valores mucho más altos que los observados meses atrás.

Precios en alza y menos margen de maniobra

Aunque las ofertas presentadas en el proceso local se ubican muy por debajo del valor spot internacional, el problema de fondo sigue siendo el encarecimiento global del GNL. De acuerdo con Carbajales, desde el inicio de la guerra los precios se duplicaron y actualmente rondan los USD 20 por millón de BTU, con picos que incluso llegaron a USD 22.

Ese movimiento altera toda la ecuación del invierno argentino. No solo sube el costo potencial de abastecimiento, sino que además complica la disponibilidad de cargamentos y vuelve más delicada la logística en plena temporada de alta demanda. Por eso, más allá de quién gane la licitación, en el sector energético ya aparece una preocupación concreta por los tiempos y por la llegada de los primeros buques.

El sector privado toma el control

Hasta ahora, el esquema habitual incluía una participación directa del Estado a través de Enarsa, que era la encargada de comprar el GNL para reforzar la oferta local durante los meses fríos. Esta vez el diseño cambió: el Gobierno decidió correrse del suministro directo y trasladar la responsabilidad al sector privado, que deberá importar, regasificar en Escobar y comercializar el gas entre abril y septiembre de 2026.

Detrás de esa decisión aparece una lógica doble. Por un lado, el Estado busca dejar de financiar subsidios vinculados a esta operatoria. Por otro, intenta imponer un esquema en el que la demanda pague el costo real del combustible, sin amortiguadores fiscales y con mayor presión sobre empresas y distribuidoras para que optimicen sus decisiones de compra.

La industria, bajo amenaza por los costos

Ese cambio, sin embargo, no tendría el mismo impacto sobre todos los actores. Carbajales advirtió que la industria difícilmente pueda absorber esos valores si el gas se mantiene en estos niveles. En ese escenario, anticipó que podrían repetirse cortes o reemplazos por combustibles alternativos más baratos, aunque más contaminantes, como el carbón.

La previsión es que buena parte de la demanda industrial quede fuera de juego si el precio internacional no cede. Eso haría que las distribuidoras terminen concentrando la mayor parte del suministro importado, en un invierno donde la producción local, aun con el aporte de Vaca Muerta, sigue sin cubrir por completo las necesidades del sistema por las limitaciones del transporte hacia el AMBA y el Litoral.

Un invierno con menos margen que otros años

El volumen final que habrá que importar todavía está en discusión. En 2025, Argentina compró 27 buques por un total de USD 697,9 millones. Este año, las estimaciones del sector muestran un escenario más caro y con menor margen de planificación, aunque por ahora se espera una necesidad menor a la de 2022, cuando se adquirieron 41 buques y el costo total escaló a USD 2.884,8 millones tras el shock internacional de aquel momento.

La diferencia ahora es que el ajuste no recaerá del mismo modo sobre el Estado. Con la nueva lógica oficial, el costo pleno del abastecimiento empieza a trasladarse a los actores privados en un mercado más exigente y con precios internacionales que volvieron a tensionar la cuenta energética argentina.