El Banco Mundial advirtió sobre un escenario de mayores riesgos para la producción y los precios internacionales de los alimentos durante 2026. Entre los factores señalados aparecen una posible intensificación de El Niño y el encarecimiento de los fertilizantes asociado con las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. La combinación podría afectar especialmente a los países más dependientes de las importaciones y con menor capacidad para absorber aumentos en los precios.

Según el análisis, las alteraciones climáticas vinculadas con El Niño podrían modificar los patrones de lluvias en importantes regiones agrícolas y afectar los rendimientos de distintos cultivos. El impacto no sería uniforme: mientras algunos grandes productores podrían encontrar mejores condiciones o beneficiarse de precios internacionales más elevados, otras economías quedarían expuestas a pérdidas de cosechas y mayores costos de abastecimiento. Los efectos dependerán de la intensidad y duración del fenómeno climático.

A ese escenario se suma el comportamiento de los fertilizantes. Las dificultades vinculadas con el conflicto en Irán y el Estrecho de Ormuz aparecen entre los factores capaces de encarecer insumos esenciales para la agricultura. Un aumento sostenido de esos costos puede trasladarse posteriormente a la producción y a los precios de los alimentos.

India y África, entre las regiones más expuestas

El informe identifica a India como uno de los países particularmente sensibles a las alteraciones de El Niño por la importancia que tienen los monzones para su agricultura. Una reducción considerable de las precipitaciones podría afectar la producción de alimentos destinada a una población superior a los 1.500 millones de habitantes. La magnitud final dependerá del comportamiento efectivo de las lluvias durante la temporada agrícola.

Los riesgos serían también importantes para países africanos donde una proporción elevada de los ingresos familiares se destina a la compra de comida. En esos casos, incluso incrementos relativamente moderados de los precios internacionales pueden tener consecuencias significativas sobre el acceso a los alimentos. La combinación de menor producción local y mayores costos de importación elevaría la vulnerabilidad de esas economías.

El Banco Central Europeo (BCE) también analizó los posibles efectos inflacionarios de episodios intensos de El Niño. Según las estimaciones citadas, las alteraciones climáticas pueden provocar aumentos relevantes en los precios de los alimentos incluso fuera de las regiones directamente afectadas por sequías o lluvias extremas. En la Eurozona, el impacto podría trasladarse mediante los costos de materias primas, insumos agrícolas y cadenas internacionales de suministro.

Qué podría significar para Argentina y Brasil

El escenario presenta características diferentes para grandes países exportadores de alimentos como Argentina y Brasil. El análisis plantea que una menor oferta procedente de otros mercados podría incrementar la demanda y los precios de determinados productos agrícolas. Sin embargo, los resultados dependerán también de cómo El Niño afecte las condiciones productivas dentro de cada país.

Una suba de los precios internacionales podría favorecer los ingresos por exportaciones, aunque al mismo tiempo introducir presiones sobre los valores internos de algunos alimentos e insumos. Por ese motivo, el efecto económico no sería necesariamente uniforme entre productores, consumidores y distintos sectores de la cadena agroindustrial. La evolución climática será una de las variables centrales para determinar ese balance.

El Banco Mundial también proyecta una desaceleración de la economía global durante 2026, con un crecimiento que pasaría del 2,9% registrado en 2025 al 2,5%. El escenario combina riesgos provenientes del clima, la energía, los conflictos internacionales y los costos de producción. Una menor expansión económica podría agregar dificultades en los países con menor margen fiscal y financiero para responder a shocks externos.

Un escenario que obliga a seguir clima, energía y producción

Las alteraciones en el clima comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante en las previsiones económicas por su impacto sobre alimentos, energía y cadenas de abastecimiento. Sequías prolongadas, inundaciones y temperaturas extremas pueden modificar rápidamente los niveles de producción agrícola y generar movimientos en los mercados internacionales. Cuando esos fenómenos coinciden con conflictos geopolíticos o aumentos en los costos de insumos, sus efectos pueden amplificarse.

La evolución de El Niño será, por lo tanto, uno de los indicadores a seguir durante el resto de 2026. También resultarán determinantes el precio de los fertilizantes, la situación de las principales regiones productoras y la capacidad de los países importadores para sostener el abastecimiento. La interacción entre esas variables definirá si las advertencias sobre mayores tensiones alimentarias terminan reflejándose en los precios y en la disponibilidad global.