El nerviosismo es una reacción normal ante situaciones exigentes, pero cuando se vuelve frecuente, puede alterar el bienestar general. Desde el ámbito clínico, se lo diferencia de la ansiedad por su alcance más limitado: mientras que el primero se relaciona con una preocupación puntual, la segunda implica síntomas más amplios y persistentes.

Según explicó la licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), «los nervios son una preocupación por un tema específico que impide entrar en reposo. La ansiedad, en cambio, abarca agitación psicomotriz y puede derivar en un ataque de pánico».

Por su parte, la licenciada Sandra Germani (MN 34.699), psicóloga del Hospital de Clínicas de la UBA, detalló que la diferencia radica en la percepción: «Cuando interpretamos una situación como desafío, genera motivación; si la vivimos como problema, se activa la respuesta de amenaza y malestar».

Por qué determinadas situaciones activan el estrés

La neurocientífica Sonia Lupien propuso el modelo C.I.N.E para explicar por qué ciertas circunstancias son más estresantes:

  • C: falta de control
  • I: imprevisibilidad
  • N: novedad
  • E: amenaza al ego

Cuando un evento combina varios de estos factores, es más probable que eleve las hormonas del estrés. La doctora Laura Maffei (MNº 62441), especialista en estrés, indicó que «la sensibilidad varía entre personas, pero cuanto más componentes del C.I.N.E haya, mayor será la intensidad de la reacción».

Siete técnicas alternativas para recuperar la calma

Más allá de la respiración profunda, existen otros recursos avalados por profesionales para reducir el nerviosismo:

1. Redefinir el estrés como una herramienta útil
La doctora Sharon Bergquist, de la Universidad Emory (EE.UU.), sostiene que el objetivo no es eliminar el estrés sino aprender a gestionarlo. Estrategias como el ejercicio físico o el ayuno intermitente —siempre bajo supervisión— pueden generar resiliencia y fortalecer la salud mental.

2. Aplicar la técnica 5-4-3-2-1
Esta práctica de mindfulness conecta con el presente usando los cinco sentidos. Consiste en identificar cinco cosas que se ven, cuatro que se pueden tocar, tres que se oyen, dos que se huelen y una que se saborea. Es eficaz y fácil de implementar en cualquier entorno.

3. Visualización positiva del futuro
El psicólogo Juan Lucas Martin recomienda cerrar los ojos e imaginarse en un estado de bienestar. «El cerebro no distingue entre lo real y lo imaginado con intensidad. Si nos vemos tranquilos y sanos, el cuerpo responde con serotonina, dopamina y otras hormonas del bienestar», explicó.

4. Mantener un hobby activo
Estudios muestran que quienes practican pasatiempos presentan menos síntomas depresivos y mayor satisfacción con la vida. No importa cuál sea: desde jardinería hasta tejido, lo fundamental es el disfrute y la desconexión.

5. Repetir un mantra personal
Frases como «ningún sentimiento es definitivo» pueden brindar contención en momentos de ansiedad. La repetición genera una sensación de seguridad. El mantra debe tener un significado emocional y puede provenir de cualquier ámbito: religioso, filosófico o personal.

6. Priorizar el autocuidado diario
Hábitos saludables como una alimentación balanceada, un sueño adecuado y actividad física regular tienen efecto directo sobre el sistema nervioso. Según Ineco, «estos factores alivian el impacto de los estresores y previenen respuestas desproporcionadas».

7. Compartir tiempo con seres queridos
La conexión social es un amortiguador natural del estrés. Ya sea con familia, pareja, amigos o mascotas, los espacios de encuentro fortalecen el bienestar emocional y reducen la sensación de amenaza que suele acompañar al nerviosismo.