Mantenerse físicamente activo, conservar una vida social intensa y ejercitar la mente no garantiza por sí solo un envejecimiento saludable. Un estudio realizado con 151 personas de entre 62 y 92 años encontró que la calidad del sueño continuaba siendo un punto débil incluso entre adultos mayores con buena movilidad y alto rendimiento cognitivo. La investigación fue desarrollada con estudiantes del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo.

Los participantes realizaban actividades como caminatas, pilates y gimnasia de mantenimiento, y obtuvieron resultados compatibles con un riesgo bajo de caídas. También alcanzaron puntuaciones elevadas en las evaluaciones cognitivas. Sin embargo, las diferencias en los ritmos biológicos, la exposición a la luz nocturna y el uso de medicamentos para dormir mostraron una relación con su descanso y desempeño.

El horario natural también influye en la movilidad

El cronotipo describe la predisposición biológica de cada persona para mantenerse más activa durante la mañana o la noche. Con el envejecimiento, suele producirse un adelanto del reloj interno que lleva a sentir sueño más temprano y despertarse durante la madrugada. Cerca de la mitad de las personas evaluadas presentó un perfil matutino.

Quienes concentraban su actividad durante las primeras horas del día mostraron mejores niveles de equilibrio y movilidad que los participantes de hábitos vespertinos. Los integrantes de este último grupo también obtuvieron resultados satisfactorios, aunque algo inferiores en las pruebas de estabilidad. Los autores plantearon que una rutina más alineada con la luz natural podría favorecer la coordinación motora y contribuir a reducir el riesgo de caídas.

El estudio también detectó una peor calidad del sueño entre las mujeres, con más interrupciones nocturnas asociadas a molestias físicas y sofocos. Estos resultados corresponden a una muestra de adultos mayores particularmente activos y con buen desempeño general, por lo que no necesariamente representan a toda la población. Aun así, exponen que el descanso puede conservar dificultades incluso cuando otros hábitos saludables están consolidados.

La luz y los somníferos pueden alterar el descanso

La exposición a iluminación intensa durante la noche o a las pantallas antes de acostarse puede volver el sueño más superficial y fragmentado. La claridad interfiere con la producción de melatonina, hormona encargada de regular el ciclo entre sueño y vigilia. Reducir la luz durante las horas previas a dormir y evitar encender dispositivos ante un despertar nocturno puede favorecer la continuidad del descanso.

La investigación también encontró una asociación entre el consumo de fármacos para dormir y un menor rendimiento cognitivo. El resultado no significa que esas medicaciones deban suspenderse por cuenta propia ni demuestra que sean la causa directa del deterioro observado. Cualquier modificación debe realizarse con supervisión médica, especialmente entre personas mayores que utilizan otros tratamientos.

La profesora de Fisiología Paula Núñez, de la Universidad de Oviedo, recomendó priorizar horarios regulares, ambientes oscuros y estrategias terapéuticas dirigidas a las causas del insomnio. Los somníferos deberían reservarse para situaciones indicadas por profesionales, durante períodos acotados y con las dosis correspondientes. El envejecimiento activo requiere así combinar movimiento, estimulación mental y vínculos sociales con un cuidado sostenido del sueño.