Ir al supermercado en Tucumán: una odisea diaria entre precios, falta de productos y aumentos
A más de 1.200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, aunque las frías estadísticas digan lo contrario, los tucumanos sienten que la inflación se ubica mucho más arriba de lo que difunden los organismos oficiales. Es que, la distancia no sólo encarece la mayoría de los productos de primera necesidad por una cuestión de logística. También incide el escaso alcance que tienen medidas de control de precios con las del Gobierno Nacional. Las cuales desde la época de los cortes populares de carne, nunca llegaron al norte argentino.
En ese contexto, el bolsillo de los tucumanos sufre y se desangra, teniendo que afrontar la suba de la carne. Anticipando un salto que, según los actores del sector, pronto tendrá una réplica que alcanzaría el 30%. Con los productos de verdulería sucede algo parecido. Aquí claro, además del incesante incremento de costos, incide la estacionalidad y, sobre todo, las malas condiciones del clima. Las cuales encarecieron productos, otrora habituales en las mesas tucumanas, hasta convertirlos en casi suntuarios.
Nueva modalidad a una situación acuciante
Esta transformación en la modalidad de consumo se replica en las carnicerías, donde se ha vuelto una costumbre que el cliente «lleve lo que puede pagar». Aquí la compra es por pesos, es decir, se pide por ejemplo «700 pesos de carne para milanesa», y después habrá que hacerla alcanzar. Y ni hablar de ese escenario, trasladado a las panaderias, que ya anticiparon que el lunes amanecerán con nuevos precios.
El complicado cuadro de situación se agrava aún más, cuando se considera la cercanía del comienzo de las clases. Considerado uno de esos períodos, de consumos estacionales obligatorios, que ponen a prueba los extenuados bolsillos de los consumidores. El cálculo promedio para equipar a un chico es 30 mil pesos. Es decir, casi el 30% de lo que cobra un empleado público.

