“La jefa”, así apodan a Cristina Kirchner por su rol preponderante en el escenario político argentino, enfrenta hoy señales claras de debilitamiento en su liderazgo dentro del peronismo. Aunque su figura sigue siendo central, las ausencias de los principales referentes del Partido Justicialista (PJ) en su acto de asunción como presidenta del partido reflejan un distanciamiento que cuestiona su capacidad para unir a la estructura política que alguna vez lideró sin objeciones.

El evento en el que Kirchner asumió como presidenta del PJ nacional dejó en evidencia las tensiones internas. Ninguno de los seis gobernadores peronistas asistió a la ceremonia. Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Sergio Ziliotto (La Pampa) brillaron por su ausencia. Incluso, de los 84 intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires, solo una veintena estuvo presente en el acto celebrado en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET).

Las ausencias no pasaron desapercibidas. En el kirchnerismo, los gestos cuentan, y la falta de asistencia se interpretó como un mensaje político directo. La ausencia de Kicillof fue especialmente significativa. Si bien argumentó que su agenda lo mantuvo ocupado en recorridas por el interior bonaerense, la excusa dejó entrever un deterioro en la relación con su jefa política. Hace unos años, el economista no habría considerado rechazar una invitación de Cristina, lo que evidencia el cambio en la dinámica entre ambos.

Kicillof: la figura clave en la interna

La relación entre Kirchner y Kicillof atraviesa un momento crítico. El gobernador bonaerense, considerado su sucesor natural dentro del espacio político, ha marcado distancia en los últimos meses, lo que ha generado malestar entre los dirigentes más cercanos a la expresidenta. Algunos legisladores kirchneristas lo acusan de dejarse influenciar por su entorno, mientras que otros consideran que su estrategia busca consolidar su autonomía política.

El posicionamiento de Kicillof tiene implicancias profundas para el futuro del peronismo. Su actividad al día siguiente de la asunción de Cristina se interpretó como un gesto político cargado de simbolismo. En el seno del cristinismo, esta actitud ha sido vista como una afrenta directa, lo que agudiza las tensiones internas.