Un seguimiento clínico de diez años aportó nueva evidencia sobre la eficacia de la terapia focal para tratar determinados casos de cáncer de próstata. El procedimiento logró un control de la enfermedad comparable al de la cirugía radical y la radioterapia, pero con una reducción significativa de la incontinencia urinaria y la disfunción sexual. En la Argentina, la técnica se utiliza desde hace más de una década, aunque su acceso todavía está limitado por los costos, la disponibilidad de equipos y la formación especializada.

La terapia focal emplea ultrasonido de alta intensidad o crioterapia para destruir el tumor sin extirpar toda la próstata. La elección entre calor y frío depende de la ubicación de la lesión y de las características de cada paciente. El procedimiento se realiza con imágenes de alta precisión, bajo sedación y, en general, de manera ambulatoria.

El tratamiento está dirigido principalmente a pacientes con tumores localizados en un solo sector de la próstata, de riesgo intermedio o intermedio alto y sin metástasis. Especialistas argentinos estiman que ese perfil representa entre el 30% y el 40% de los diagnósticos. La terapia se ubica así entre la vigilancia activa, indicada para lesiones de bajo riesgo, y los tratamientos más agresivos reservados para cuadros avanzados.

Diez años de seguimiento y una mortalidad muy baja

El estudio fue coordinado por especialistas del Imperial College de Londres y reunió información de 3.477 hombres tratados en 14 centros universitarios del Reino Unido y en una red de radioterapia de los Países Bajos. Los pacientes recibieron ultrasonido focalizado de alta intensidad, conocido como HIFU, o crioterapia. Los resultados fueron publicados en la revista European Urology, de la Asociación Europea de Urología.

La mortalidad por cáncer de próstata a los diez años fue del 0,13%. Los investigadores también observaron pocos casos de propagación de la enfermedad fuera de la glándula y una reducción de más de la mitad en las complicaciones urinarias y sexuales frente a la prostatectomía radical. Los autores señalaron que ambas tecnologías podrían considerarse tratamientos iniciales para pacientes correctamente seleccionados.

Durante el seguimiento, una parte de los hombres necesitó una segunda intervención focal y otros fueron derivados posteriormente a una cirugía radical. El análisis ajustado según los protocolos de tratamiento redujo esas proporciones al 13% y al 8,9%, respectivamente. Los investigadores plantearon la necesidad de desarrollar herramientas que permitan identificar con mayor precisión qué pacientes obtendrían mejores resultados con cada alternativa.

Las guías europeas ya contemplan la terapia focal para tumores unilaterales de riesgo intermedio. A partir de los nuevos datos, los autores consideran posible ampliar su uso a ciertos pacientes de riesgo alto. Esa incorporación requerirá nuevos criterios de selección y una evaluación individual de cada caso.

Menos impacto sobre la calidad de vida

La próstata interviene en funciones vinculadas con la continencia urinaria y la actividad sexual. Por ese motivo, la extirpación completa de la glándula o la radioterapia pueden provocar secuelas permanentes. La terapia focal intenta preservar el tejido sano y actuar solamente sobre la lesión considerada clínicamente relevante.

El urólogo argentino Ezequiel Becher, director médico del Centro de Urología (CDU), explicó que alrededor del 70% de los pacientes tratados no presenta cambios en la calidad de las erecciones. Entre quienes registran alguna alteración, la mayoría recupera su función habitual después de algunos meses. También señaló que la incontinencia urinaria es poco frecuente en comparación con los procedimientos más invasivos.

El especialista sostuvo que la técnica resulta especialmente útil cuando el tumor no es lo suficientemente agresivo como para justificar la extirpación de la próstata, pero tampoco permite mantener una conducta de vigilancia. En esos casos, la intervención busca controlar el foco principal sin someter al paciente a las consecuencias de un tratamiento radical. La evaluación debe incluir estudios por imágenes de alta calidad y una lectura especializada de la resonancia prostática.

Cómo se utiliza en la Argentina

La terapia focal se aplica en el país desde hace alrededor de 15 años. Marcelo Borghi, especialista en urooncología y uno de los primeros profesionales en incorporarla, señaló que su aceptación aumentó a medida que se acumularon estudios y se desarrollaron nuevas tecnologías. El procedimiento también fue presentado en actividades académicas organizadas por el Hospital de Clínicas para pacientes que reúnen las condiciones indicadas.

Borghi sostuvo que la evidencia publicada puede ayudar a superar la resistencia que todavía existe entre algunos especialistas. Aclaró, sin embargo, que los costos de los equipos y de los insumos continúan dificultando una adopción más amplia en América Latina. La competencia entre tecnologías y una mayor disponibilidad podrían reducir esos valores con el paso del tiempo.

Otro obstáculo es la formación de los profesionales. Becher explicó que pocos centros realizan terapia focal y que la interpretación de las resonancias de próstata exige un entrenamiento específico. La falta de equipos especializados también limita la capacitación de residentes y la posibilidad de extender el tratamiento fuera de los principales centros urbanos.

En la Argentina se diagnostican alrededor de 11.000 casos nuevos de cáncer de próstata por año, según datos del Ministerio de Salud de la Nación citados en el informe. Los especialistas remarcan que la terapia focal no reemplaza de manera general a la cirugía o la radioterapia, sino que amplía las alternativas para un grupo específico de pacientes. La elección debe realizarse junto con un equipo de urooncología después de evaluar el tipo de tumor, su localización y el riesgo de progresión.