Un nuevo estudio científico encendió las alarmas sobre los cigarrillos ultrasónicos, dispositivos de vapeo de última generación que, lejos de representar una alternativa más segura, podrían implicar riesgos mayores para la salud por la alta concentración de metales pesados en sus aerosoles.

Aunque la industria los promociona como una innovación «más limpia» por no utilizar bobinas de calentamiento, la investigación publicada en la revista Environmental Health Perspectives reveló que estos dispositivos contienen elementos como arsénico, níquel, selenio y plomo en niveles preocupantes. Los expertos remarcan que, en lugar de reducir el daño, esta tecnología emergente expone al cuerpo humano a toxinas igual o más peligrosas que las de los vapeadores convencionales.

Los llamados u-cigarettes funcionan a través de un sonicador que vibra con ondas ultrasónicas para transformar líquidos —que suelen contener nicotina, saborizantes y glicerina vegetal— en aerosol. Según detalló la Universidad de California, Riverside, esta tecnología elimina el calor directo, pero no evita la transferencia de metales al sistema respiratorio del usuario.

Detalles de la investigación

El estudio comparó el contenido químico de cigarrillos electrónicos tradicionales y ultrasónicos mediante análisis con espectroscopía de emisión óptica y microscopía electrónica. En total, se detectaron 16 metales distintos en al menos una muestra. En algunos casos, los niveles de níquel alcanzaron hasta 66.050 microgramos por mililitro. La presencia de arsénico y selenio, considerados peligrosos incluso en dosis mínimas, fue calificada por los autores como el hallazgo más alarmante.

La profesora Prue Talbot, autora principal del trabajo, reclamó una regulación urgente sobre estos elementos tóxicos. «La inhalación de arsénico, plomo o níquel representa un riesgo grave para la salud, aunque se trate de cantidades bajas pero constantes», advirtió. Su colega Esther Omaiye recordó que, a diferencia del sistema digestivo, los pulmones no filtran estos metales: ingresan directamente al tejido pulmonar y pueden provocar silicosis, neurotoxicidad o enfermedades oncológicas.

Baches legales

Los investigadores también remarcaron el vacío legal que permite que estos productos lleguen a menores de edad. La OMS alertó que en al menos 88 países no hay edad mínima para su compra, y que 74 naciones carecen de cualquier tipo de regulación. Con estrategias de marketing que incluyen personajes animados, miles de sabores y campañas virales en redes sociales, el uso de estos dispositivos entre adolescentes sigue en ascenso.

Más allá del tipo de tecnología, los expertos coincidieron en que la supuesta «evolución» del vapeo no representa una reducción de riesgos, sino un nuevo frente de preocupación sanitaria. “Hay que estar atentos al discurso de la industria: el diseño puede cambiar, pero el daño sigue siendo real”, concluyó Talbot.