Amanda Anisimova regresó del abismo. A los 21 años se alejó del tenis profesional tras una profunda crisis provocada por el fallecimiento de su padre. Este jueves, venció en tres sets a la número 1 del mundo, Aryna Sabalenka, y jugará su primera final de Wimbledon a los 23.

El partido fue una revancha personal: Sabalenka la había eliminado en Australia y en Roland Garros, pero esta vez fue Anisimova quien se impuso 6-4, 4-6 y 6-4 sobre el césped del All England. «Siempre supe que iba a volver, solo necesitaba tiempo», confesó la estadounidense, que enfrentará a Iga Światek en busca de su primer Grand Slam.

La caída más dura y el inicio de una pausa necesaria

Anisimova nació en Nueva Jersey, hija de padres rusos que emigraron a Estados Unidos en 1998. Su vínculo con el tenis comenzó en Florida, alentada por su hermana mayor y entrenada por su padre, Konstantin.

Con apenas 16 años, se coronó campeona juvenil del US Open 2017 ante una precoz Coco Gauff. Dos años después, sorprendió al mundo venciendo a Simona Halep en Roland Garros, pero la muerte súbita de su padre en agosto de 2019 trastocó por completo su rumbo.

«Esto es lo más difícil que me ha pasado en la vida», admitió en diálogo con The New York Times. Aunque intentó seguir, no logró reencontrarse con la competencia. En mayo de 2023, anunció su retiro temporal por problemas de salud mental.

Arte, reflexión y el regreso al circuito

Durante los siete meses fuera del circuito, se refugió en los viajes, el voluntariado y la pintura. Empezó como un pasatiempo, pero sus obras terminaron siendo vendidas con fines benéficos. «Fue una manera de aislarme, de frenar, de reencontrarme conmigo», explicó.

Volvió en enero de 2024 con el ranking 373 del mundo. Poco a poco, recuperó ritmo y confianza: fue finalista en Canadá, campeona en Qatar y ahora semifinalista de Wimbledon. «Hoy juego con una pasión que antes no sentía. Cada victoria tiene un sabor distinto», dijo.

Un mensaje que va más allá del deporte

Anisimova fue una de las primeras tenistas en hablar públicamente sobre su salud mental. «Este tema todavía está estigmatizado. Pero es tan importante como la salud física. Si no encontrás equilibrio, el circuito puede volverse muy solitario», reflexionó.

Con su llegada a la final, ya se garantizó superar el mejor ranking de su carrera y meterse en el Top 10 de la WTA. Además, peleará por un premio de más de tres millones de dólares.

«No me fui para siempre. Solo necesitaba sanar», resumió. Ahora, la campeona juvenil que supo perderse en la oscuridad, volverá a pisar el césped de Wimbledon en busca de una consagración inolvidable.