El pescado y los mariscos aportan proteínas, ácidos grasos omega-3, vitamina D y otros nutrientes vinculados con la salud cardiovascular, cerebral y ósea. Sin embargo, un estudio publicado en la revista Foods mostró que una gran parte de los consumidores no alcanza la frecuencia recomendada de al menos dos porciones semanales. El precio, las dificultades de preparación y ciertos hábitos domésticos aparecen entre los principales obstáculos.

La investigación analizó una encuesta realizada en junio de 2021 a 1.200 adultos y comparó sus hábitos antes de la pandemia con los registrados entre marzo de 2020 y marzo de 2021. Aunque alrededor del 90% consumía algún producto del mar, solamente el 18,9% llegaba a la frecuencia indicada por las guías consideradas en el trabajo.

Antes de la pandemia, esa proporción era del 16,6%. La mejora fue estadísticamente significativa, pero limitada: cerca de tres de cada cuatro participantes mantuvieron prácticamente sin cambios su consumo durante el período estudiado.

Qué nutrientes aporta el pescado

Entre quienes incrementaron su consumo, el 44,5% señaló motivos relacionados con la salud. La elección coincide con las propiedades nutricionales destacadas por especialistas de Cleveland Clinic, que mencionan al pescado como fuente de proteínas, omega-3 y vitamina D.

Julia Zumpano, dietista de esa institución, destacó especialmente el papel de los omega-3. Estos ácidos grasos participan en distintos procesos del organismo y determinados pescados constituyen una de sus principales fuentes alimentarias.

El perfil nutricional varía según la especie y el método de preparación. Por esa razón, la consideración del pescado como parte de una alimentación equilibrada no implica que todos los productos tengan exactamente las mismas características ni que deban consumirse de una única manera.

El estudio también encontró que las personas con mayor conocimiento de las recomendaciones alimentarias y aquellas que elegían productos del mar por razones de salud tenían más probabilidades de alcanzar la frecuencia indicada. Aun así, ese conocimiento no eliminaba las dificultades prácticas para incorporarlos regularmente.

Precio y preparación, entre las principales dificultades

Entre quienes redujeron el consumo aparecieron como motivos frecuentes el aumento del precio, una menor disponibilidad de dinero y las complicaciones para cocinar pescado en el hogar. También se mencionaron factores relacionados con el sabor y el olor.

La preparación representa una diferencia respecto de otros alimentos de consumo más cotidiano. Algunas personas señalan no saber cómo cocinar determinadas variedades, cuánto tiempo conservarlas o cómo identificar si el producto se encuentra en buenas condiciones.

El trabajo mostró además que una parte importante de quienes compraban pescado o mariscos prefería prepararlos en casa. Entre las alternativas mencionadas con mayor frecuencia aparecieron el salmón fresco, los camarones congelados y las ostras cocidas.

Los investigadores concluyeron que la distancia entre las recomendaciones nutricionales y el consumo real no responde a una única causa. El presupuesto disponible, las preferencias personales, los hábitos familiares y la experiencia en la cocina se combinan al momento de decidir qué alimentos incorporar.

Qué ocurre con las compras por internet

El estudio también examinó el papel de las compras digitales. Entre las personas que utilizaban servicios de supermercado por internet, el 64% incluía pescado o mariscos dentro de sus pedidos.

En los servicios de kits de comidas, menos extendidos entre los participantes, el 61,1% de quienes los utilizaban incorporaba algún producto del mar. Sin embargo, una parte de los consumidores prefería continuar seleccionando estos alimentos personalmente.

Entre las razones aparecieron la necesidad de comprobar el aspecto y frescura del producto y el temor a que llegara deteriorado durante el traslado. La confianza en el comercio y las condiciones de entrega influyen así sobre una categoría particularmente sensible a la conservación.

Los resultados muestran que conocer los posibles beneficios nutricionales del pescado no resulta suficiente para garantizar su presencia habitual en la alimentación. Para muchas personas, la decisión termina condicionada por cuestiones tan concretas como el precio, la disponibilidad, la forma de preparación y la confianza al momento de comprarlo.