Bettina Fulco: la argentina que durmió en una iglesia, compartió habitación con Sabatini y venció a Navratilova
Bettina Fulco construyó una carrera profesional en una época muy distinta para el tenis femenino. Antes de llegar al puesto 23 del ranking mundial, jugar cuartos de final en Roland Garros y vencer a Martina Navratilova, la marplatense atravesó giras con pocos recursos, viajes en soledad y noches improvisadas lejos de casa. Su historia muestra cómo era abrirse camino en el circuito durante los años 80, cuando la mayoría de las jugadoras viajaba sin el equipo de trabajo que hoy acompaña a las profesionales.
Uno de esos recuerdos la lleva a una pretemporada en la academia de Patricio Apey, histórico entrenador de Gabriela Sabatini, en Miami. Allí coincidió con Mercedes Paz y con la propia Sabatini, mientras intentaba dar sus primeros pasos internacionales. Como no había demasiado espacio, Fulco dormía en el piso de la habitación de Gaby, una experiencia que recuerda como una verdadera prueba de carácter.
Una carrera marcada por el sacrificio
Fulco nació el 23 de octubre de 1968 en Mar del Plata y empezó a jugar al tenis inspirada por Guillermo Vilas, otro símbolo deportivo de su ciudad. Se formó en el club Universitario y, desde muy joven, entendió que el camino hacia el profesionalismo exigía mucho más que talento. Había que viajar, entrenar, adaptarse y competir con recursos limitados.
Durante aquella etapa en Miami, Apey la enviaba a torneos en Boca Ratón y Delray Beach para que sumara roce competitivo. También la ofrecía como sparring para jugadoras que necesitaban pelotear. Así compartió cancha con figuras como Claudia Kohde-Kilsch y Manuela Maleeva, a quienes años después enfrentaría ya instalada en el circuito.
La propia Fulco suele comparar esa época con el presente. Desde su trabajo actual en el área de desarrollo de ITF World Tennis, observa un circuito mucho más profesionalizado, con equipos amplios alrededor de cada jugador. En su generación, en cambio, muchas tenistas viajaban solas, cargaban sus valijas y resolvían como podían cada problema logístico.
La noche que durmió en una iglesia
Entre las anécdotas más fuertes aparece una gira europea en la que llegó a Niza junto a otras jóvenes sudamericanas. Era Semana Santa, no tenían alojamiento reservado y los hoteles económicos estaban completos. Después de recorrer distintos lugares sin conseguir dónde dormir, terminaron en una plaza.
La situación cambió cuando un cura de una iglesia cercana se enteró de lo que ocurría y les ofreció refugio. Pasaron la noche en los bancos del templo, comieron una rosca de Pascua y lograron estar bajo techo antes de que empezara a llover. Horas después, un entrenador sueco conocido del circuito las buscó y las llevó a un hotel.
Lejos de quedarse en la anécdota, esa gira terminó siendo decisiva. En Niza, Fulco venció a Isabelle Demongeot, campeona WTA y ex número 35 del mundo, en un torneo que no daba puntos pero sí un premio económico que le permitió seguir viajando. Poco después llamó a su padre, Rubén, para decirle que iba a intentar convertirse en tenista profesional.
Amigas, rivales y una convivencia distinta
El circuito de aquellos años también tenía una convivencia más cercana entre jugadoras. En 1988, Fulco coincidió con Arantxa Sánchez Vicario y su madre en un vuelo a Barcelona. La familia española la invitó a alojarse en su casa durante la semana del torneo.
Entrenaron juntas, compartieron habitación y cenaron en la misma mesa familiar. El destino quiso que luego se cruzaran en semifinales. Fulco ganó un partido de tres horas por 1-6, 6-2 y 6-3, y la convivencia tuvo una noche incómoda, aunque luego todo quedó como una anécdota entre bromas.
Algo parecido vivió en Italia con su amiga Laura Garrone, quien la había acompañado a recorrer la ciudad antes de enfrentarla en una semifinal. Fulco también le ganó y la italiana le dijo, en tono de broma, que no volvería a invitarla. Para la argentina, esas historias muestran una forma de vida dentro del circuito que hoy parece lejana.
La victoria ante Martina Navratilova
El triunfo más resonante de su carrera llegó en abril de 1994, en Houston. Las lesiones la habían hecho caer más allá del puesto 200 del ranking y hasta su patrocinador de raquetas había dejado de enviarle material. Sin embargo, logró superar la clasificación y avanzar hasta la segunda ronda, donde la esperaba Martina Navratilova.
La checa nacionalizada estadounidense ya era una leyenda del tenis, ganadora de 18 títulos individuales de Grand Slam y número 4 del mundo en ese momento. El antecedente entre ambas tampoco ayudaba: años antes, Navratilova la había derrotado con un contundente 6-0 y 6-1. Pero aquella noche, Fulco encontró la forma de competirle.
Después de perder con claridad el primer set, empezó a jugar más profundo y aprovechó las condiciones más pesadas de la noche. Con el apoyo desde las tribunas de Mariana Díaz Oliva y Laura Montalvo, logró dar vuelta el partido. Ganó 1-6, 6-4 y 6-3, en una de las victorias más importantes de su trayectoria.
Una historia de otra época del tenis
Con el paso del tiempo, Fulco reconoce que hubiera hecho algunas cosas de otro modo. Habría planificado giras más cortas, descansado mejor y trabajado más la nutrición. Pero también sabe que su carrera pertenece a una generación que se formó en condiciones mucho más duras.
Su recorrido resume una parte de la historia del tenis argentino femenino. Fue jugadora de elite, capitana del seleccionado nacional entre 2010 y 2013 y primera entrenadora de Solana Sierra, actual número 1 del tenis argentino. Desde ese lugar, sigue vinculada al desarrollo de nuevas generaciones.
La historia de Bettina Fulco no se explica solo por sus resultados. También se entiende por las noches sin hotel, los entrenamientos interminables, las valijas cargadas a mano y la decisión de seguir compitiendo cuando todo parecía cuesta arriba. Antes de vencer a Navratilova, ya había ganado muchas batallas fuera de la cancha.