Los datos oficiales del INDEC y un análisis reciente del IERAL de la Fundación Mediterránea confirmaron lo que muchos economistas ya venían anticipando: el saldo turístico externo de Argentina está en su peor momento en años. De enero a mayo de 2025, el país registró una diferencia negativa de 4,3 millones de turistas, con 6,7 millones de argentinos saliendo al exterior y apenas 2,4 millones de visitantes extranjeros ingresando.

En términos económicos, el déficit de divisas por turismo llegó a USD 3.500 millones solo en el primer trimestre, con egresos récord por USD 5.000 millones y un ingreso modesto por turismo receptivo de USD 1.500 millones.

Según el investigador Marcos Cohen Arazi, el turismo emisivo creció 114% respecto al mismo período del año pasado, mientras que el receptivo se contrajo un 8%. La relación actual entre salidas y entradas es de 2,8 a 1, un desequilibrio que no se veía desde 2021, cuando las restricciones por la pandemia afectaban el arribo de extranjeros.

El impacto también se sintió en el empleo. En los últimos doce meses, el sector de alojamientos turísticos perdió 3.000 puestos de trabajo, lo que representa una caída del 4%. Es una baja 13 veces mayor al retroceso general del empleo formal en la economía (0,3%).

Búsquedas y expectativas para el invierno

El informe del IERAL también pone el foco en las búsquedas online como indicador anticipado: mientras que las consultas sobre destinos internacionales aumentaron un 20%, las relacionadas con turismo interno cayeron un 31% en comparación con 2024.

Esto genera preocupación en el sector, de cara al receso escolar de invierno. «Las tendencias plantean dudas sobre el desempeño que podría tener la actividad turística interna en los próximos meses y reafirma las fuertes chances de que se registren importantes volúmenes de turismo emisivo en este invierno», advierte Cohen Arazi.

Desde el Ejecutivo, la salida de divisas por turismo no es vista como un riesgo estructural. Sostienen que, en una economía que comienza a recuperarse tras años de recesión, es esperable un aumento en la inversión y el consumo, incluyendo el gasto en turismo en el exterior.

Sin embargo, el fenómeno ya encendió luces amarillas entre analistas y observadores internacionales, que miran con atención la evolución de la balanza de pagos y el tipo de cambio real. La política de “flotación administrada” iniciada en abril busca contener estas presiones, aunque los números muestran que la tendencia no se revierte.