Un estudio sugiere que el agua de lluvia habría sido el motor oculto de la vida compleja
La ciencia sigue explorando los misterios sobre cómo surgió la vida en la Tierra hace aproximadamente 3.800 millones de años. Una reciente investigación realizada por científicos de la Universidad de Chicago y la Universidad de Houston propone que el agua de lluvia podría haber desempeñado un papel fundamental en la formación de estructuras protectoras alrededor de las protocélulas, facilitando así el desarrollo de la vida compleja.
Entender cómo componentes inertes como el agua, gases y minerales se transformaron en células vivas capaces de replicarse y evolucionar es una de las grandes incógnitas de la biología. En 1953, los químicos Stanley Miller y Harold Urey llevaron a cabo un experimento revolucionario en la Universidad de Chicago, donde lograron sintetizar aminoácidos a partir de compuestos simples como agua, metano y amoníaco, utilizando descargas eléctricas. Este experimento demostró que moléculas orgánicas complejas podían formarse a partir de materiales inorgánicos presentes en la Tierra primitiva.
Las primeras formas de vida, conocidas como protocélulas, habrían surgido espontáneamente de moléculas orgánicas. Se proponen dos modelos principales para estas estructuras iniciales:
- Vesículas: pequeñas burbujas formadas por moléculas lipídicas que crean una membrana protectora, similares a las células modernas pero sin las proteínas especializadas.
- Coacervados: gotas formadas por la acumulación de moléculas orgánicas como péptidos y ácidos nucleicos, que se mantienen unidas por fuerzas electrostáticas.
El bioquímico ruso Alexander Oparin sugirió que los coacervados proporcionaban una forma primitiva de compartimentación necesaria para procesos metabólicos y la autorreplicación. No obstante, la ausencia de una membrana en estos coacervados permitía una rápida fusión y el intercambio descontrolado de material genético, lo que dificultaba la evolución de secuencias estables.
El papel del agua de lluvia en la estabilización de protocélulas
El científico Aman Agrawal, coautor del estudio publicado en la revista Science Advances, exploró la posibilidad de que el agua de lluvia pudiera estabilizar las gotas de coacervado. Durante sus investigaciones, Agrawal descubrió que al transferir estas gotas a agua destilada, el intercambio de ARN se prolongaba de minutos a varios días, tiempo suficiente para permitir mutaciones, competencia y evolución.
Para comprobar si el agua de lluvia tendría un efecto similar, el equipo recogió agua de lluvia en Houston y realizó experimentos que confirmaron sus hipótesis. Las gotas formaron una «pared mesosa» que impedía la fusión y la pérdida de ARN, creando condiciones favorables para la evolución de la vida. Agrawal señaló: «La composición química de la lluvia en Houston no es la misma que hace 750 millones de años, pero la física se mantiene igual».
Opiniones desde la comunidad científica
La investigadora María Eugenia Farías, exespecialista en microbiología ambiental del CONICET y cofundadora de la startup Puna Bio, consideró interesante el estudio al sugerir que el agua de lluvia pudo ayudar en la formación de las primeras paredes protocelulares. Sin embargo, planteó dudas sobre si el agua de lluvia de aquel entonces era realmente similar al agua destilada actual, especialmente en un contexto de erupciones volcánicas y una atmósfera sin oxígeno.

