El concepto de «parto respetado» o «parto humanizado» busca garantizar el respeto a los derechos de las madres, los bebés y sus familias durante el proceso de nacimiento. Sin embargo, en Argentina, esta noble aspiración se ve empañada por una alarmante realidad. Según Luján Arcidiácono, coordinadora de la Campaña Nacional contra las Violencias Obstétricas, entre el 70% y el 80% de los casos experimentan algún tipo de violencia obstétrica.

La violencia obstétrica incluye desde maltrato evidente hasta formas más sutiles relacionadas con el modelo asistencial y las intervenciones médicas. Es una problemática profundamente arraigada en América Latina. Arcidiácono señala que esta violencia tiene similitudes con otras formas de violencia de género presentes en entornos ginecológicos y obstétricos. Y destaca que el modelo asistencial a menudo prioriza el control y la dirección del parto sobre el bienestar de la madre y el bebé.

Uno de los puntos críticos mencionados es la separación temprana del recién nacido de su madre. Y es que esta práctica, Arcidiácono considera innecesaria y perjudicial para el neurodesarrollo del bebé. Aunque reconoce la importancia de ciertas evaluaciones médicas al nacer, enfatiza que estas no justifican la separación inmediata del bebé de su madre. Especialmente, cuando se pueden realizar en el mismo momento del nacimiento y con el bebé en el pecho materno.

La Ley de Parto Respetado (N°25.959) en Argentina establece claramente el derecho de las personas gestantes a estar acompañadas durante todo el proceso de parto y postparto. Sin embargo, según Arcidiácono, este derecho se vulnera en la mayoría de las instituciones del país. A excepción de algunas que han implementado cambios en infraestructura e inversiones.