La reciente escalada bélica entre Israel e Irán volvió a sacudir el tablero global, esta vez con impacto directo en el mercado energético. La reacción inmediata se dio en el precio del petróleo: el barril Brent superó los 78 dólares, su valor más alto en dos meses, y encendió alarmas en las principales economías del mundo. Para la Argentina, el escenario es doble filo: presiona sobre los precios internos, pero también podría traducirse en un repunte de exportaciones.

En un contexto de volatilidad comercial global, con tensiones arancelarias aún vigentes, el conflicto militar revirtió la tendencia bajista que había marcado los primeros meses del año. Según consignó Bloomberg, el repunte intradía del crudo fue el mayor desde marzo de 2022, cuando comenzó la invasión rusa en Ucrania.

El salto del petróleo tiene un efecto directo sobre la inflación local, sobre todo en los combustibles. Tras el recorte del 4% que aplicó YPF en mayo gracias a la caída internacional, esta nueva suba podría traducirse en ajustes al alza. El impacto no solo se sentirá en los surtidores: la cadena de costos en transporte y producción podría provocar una presión adicional sobre los precios, justo cuando el Gobierno busca consolidar la desaceleración inflacionaria.

Riesgo fiscal y subsidios: otro frente de tensión

El aumento del crudo también podría complicar el frente fiscal. Con el precio internacional en alza, el Gobierno de Javier Milei se enfrentará al dilema de aumentar tarifas o reforzar subsidios. Cualquiera de las dos opciones impacta sobre su hoja de ruta para alcanzar el equilibrio presupuestario.

En el marco de la Revisión Quinquenal de Tarifas (RQT), ya se preveían aumentos graduales en la electricidad y el gas. Sin embargo, si el crudo sigue escalando, esos ajustes podrían acelerarse, afectando el poder adquisitivo de los hogares y reavivando la conflictividad social.

YPF, Vaca Muerta y el lado exportador del conflicto

No todo es negativo. La Argentina cuenta con una carta fuerte: sus reservas no convencionales. En 2025, el 58% de la producción nacional de crudo proviene del shale oil, impulsado por la actividad en Vaca Muerta. Si el precio del petróleo se mantiene alto, las exportaciones podrían incrementarse, fortaleciendo el superávit energético que ya acumula más de 2.600 millones de dólares en el primer cuatrimestre.

YPF, principal productora del país, también podría verse beneficiada. Un crudo más caro mejora sus márgenes y podría acelerar nuevos proyectos de inversión. En 2024, el sector hidrocarburífero ya había movilizado más de 12.800 millones de dólares, y este nuevo contexto geopolítico podría potenciar la expansión.

El frente importador: un desafío aún vigente

A pesar del avance en la producción local, la Argentina sigue dependiendo de la importación de productos refinados como el diesel. Con un crudo más caro, esos costos aumentan. La brecha entre oferta y demanda interna se mantiene como un cuello de botella, sobre todo en épocas de alta demanda energética.

Además, la suba de los costos logísticos globales puede golpear por otro flanco. El conflicto en Medio Oriente elevó un 15% los costos de flete del crudo debido a las restricciones en el estrecho de Ormuz, lo que encarece el transporte marítimo. Para los exportadores argentinos, eso representa una amenaza a los márgenes, incluso en un contexto de precios favorables.

Una advertencia que preocupa

Según JPMorgan Chase, si el conflicto escala y se interrumpe el tránsito por el estrecho de Ormuz —clave para el comercio petrolero mundial—, el barril podría trepar hasta los 130 dólares. Esa posibilidad genera incertidumbre tanto en los mercados como en las proyecciones fiscales y comerciales.

Para la economía argentina, cualquier shock externo representa un riesgo. La suba del petróleo expone tanto las fragilidades de su matriz energética como sus oportunidades. Entre la inflación y los dólares, entre las tarifas y el superávit, el Gobierno deberá moverse con precisión quirúrgica para no perder el equilibrio.