El exrevisor general del Vaticano, Libero Milone, volvió a la escena pública para reclamar justicia. Tras haber sido obligado a renunciar en 2017, denunció que su despido fue orquestado por un “grupo de poder” que aún opera dentro de la Santa Sede. Ahora, insiste en reunirse con el papa León XIV para contarle lo que, según él, nunca le permitieron saber a Francisco: «A Francisco le ocultaron la verdad, y lo mismo están intentando hacer ahora».

Milone, de 76 años, fue el primer revisor general en la historia del Vaticano, nombrado por el propio papa Francisco en 2015 con el objetivo de auditar las finanzas del Estado pontificio. Pero su trabajo duró apenas dos años. Asegura que, cuando empezó a detectar anomalías graves en los fondos y cuentas del Vaticano, fue bloqueado, amenazado y obligado a dimitir.

Las irregularidades que lo enfrentaron al poder vaticano

«No soy un espía. Soy un auditor que hizo su trabajo. Y por eso me silenciaron», dijo Milone durante una reunión con periodistas en Roma, entre ellos el diario argentino La Nación. Según relató, su oficina fue violentada y su computadora revisada. Luego, sin pruebas visibles, fue acusado de espionaje por el cardenal Angelo Becciu y el entonces jefe de la Gendarmería, Domenico Giani.

Ambos hombres fueron desplazados más tarde por el propio Francisco, y Becciu fue condenado por corrupción en 2023. Sin embargo, Milone nunca pudo volver a su función ni recuperar su reputación.

Durante su gestión, identificó posibles maniobras con fondos ocultos en el extranjero, inversiones en Londres y mecanismos que encubrían operaciones irregulares. «Encontré una deliberada desorganización. No se respetaban ni las reglas contables más básicas», afirmó.

Un juicio frustrado y su último recurso

Desde entonces, el exauditor inició un reclamo legal contra el Vaticano. Pero tanto en primera como en segunda instancia, su demanda fue desestimada con un argumento insólito: el tribunal consideró que debía haber demandado a Becciu y Giani como personas privadas, no a la Secretaría de Estado.

«Eso es ridículo», afirmó Milone. Y denunció que durante el juicio de apelación incluso le prohibieron presentar pruebas y testigos. Su abogado, Giovanni Merla, calificó esa decisión como una violación flagrante al derecho a la defensa.

Ante la falta de respuestas, ahora Milone prepara una última presentación ante la Corte de Casación del Vaticano, aunque no tiene expectativas de obtener justicia allí. Por eso, reclama que el nuevo papa León XIV intervenga directamente. Según explicó, existe una cláusula en la ley vaticana que permite al pontífice asumir un caso judicial en cualquier etapa del proceso.

«Quiero ayudar al Papa, no atacarlo»

Milone aseguró que su intención no es confrontar con el Vaticano ni dañar a la Iglesia. De hecho, afirmó que intentó resolver el conflicto sin llegar a los tribunales: se reunió más de quince veces con el cardenal Pietro Parolin en un convento, fuera de los muros vaticanos. Pero el acuerdo extrajudicial nunca se concretó.

«Yo solo quiero que me escuchen. Que León XIV sepa que aún queda un grupo de poder que maneja los hilos por detrás, y que está en contra de toda transparencia», afirmó.

También comparó su experiencia con el libro Rebelión en la granja de George Orwell. «Ese libro lo describe perfectamente. Hay poder, avaricia y corrupción. Los que tenían que investigar no hicieron nada porque no les convenía», concluyó.