El Día Mundial de la Esclerosis Múltiple se celebra cada 30 de mayo con el objetivo de concientizar sobre la enfermedad y aportar información clave a la comunidad. Este año, el lema de la campaña global es “Mi diagnóstico de Esclerosis Múltiple” y tiene como fin promover el diagnóstico precoz y preciso para todos los pacientes.

La esclerosis múltiple es una afección autoinmune que afecta al sistema nervioso central, y en la que los procesos inflamatorios dañan la vaina de mielina que es la cubierta que protege a las neuronas. A medida que el daño progresa, los impulsos nerviosos disminuyen o se detienen, causando una amplia variedad de síntomas que incluyen la pérdida de funciones físicas y cognitivas. El diagnóstico temprano es crucial para que los pacientes puedan mantener una calidad de vida óptima.

Cada 5 minutos se diagnostica un nuevo caso de esclerosis múltiple en el mundo, acumulando ya más de 2,8 millones de pacientes de una enfermedad que no tiene cura.

En Argentina, la prevalencia es de 38 casos por cada 100.000 habitantes, lo que sugiere que entre 17.000 y 18.000 personas podrían estar viviendo con esta condición. La enfermedad se diagnostica con mayor frecuencia entre los 20 y 40 años, siendo la principal causa de discapacidad física de origen no traumático en adultos jóvenes. Además, se presenta con mayor frecuencia en mujeres, en una proporción de tres por cada varón.

“Los síntomas de la esclerosis múltiple son diferentes, según la persona y la fase de la enfermedad. Sin embargo, algunos son más frecuentes y característicos: fatiga intensa, problemas de visión (visión borrosa, visión doble), debilidad muscular, dificultades de coordinación y equilibrio, entumecimiento u hormigueo en diversas partes del cuerpo, problemas de memoria y concentración, y cambios en el estado de ánimo. La educación sobre los síntomas iniciales, tanto en la comunidad médica como en la población general, son fundamentales para alcanzar una alta sospecha clínica y lograr el diagnóstico temprano”, explicó el Dr. Pablo A. López, neurólogo del Hospital Alemán.

El primer tratamiento específico fue aprobado en 1993, y desde entonces han surgido numerosas opciones terapéuticas que controlan el componente inflamatorio de la enfermedad. Estos tratamientos han mejorado notablemente la calidad de vida de los pacientes, permitiéndoles llevar una vida socialmente plena y enfrentar mejor las barreras físicas, emocionales, laborales y familiares que la enfermedad plantea.