¿Crece el abismo entre los que se dan maña y los que no? El futuro de la IA, el esfuerzo y el nuevo paradigma
El avance vertiginoso de la inteligencia artificial no solo revoluciona los mercados, los trabajos y la educación. También impone una nueva división que, según especialistas, será cada vez más evidente: entre quienes están motivados a aprender y adaptarse, y quienes se quedan atrás esperando atajos que ya no existen.
Durante los primeros meses de 2025, el término «vibe coding» se instaló en redes sociales para describir a quienes trabajan integradamente con la IA. Desde programadores hasta creativos, los llamados «vibe workers» aparecen en posteos con música chill, auriculares puestos y un flujo de trabajo que parece idealizado. Pero detrás de esa postal relajada, la realidad es mucho más compleja.
El mito del trabajo sin esfuerzo
“La idea de que uno simplemente necesita una ocurrencia y que la IA se encargará del resto es profundamente equivocada”, advirtió la futurista canadiense Sinead Bowell en un ensayo reciente. Para respaldarlo, citó el ejemplo de los proyectos aceptados por Y Combinator: solo el 1,5% logra pasar la primera evaluación.
“La parte fácil es el código”, sostuvo. “El verdadero trabajo pasa por la estrategia, el análisis de mercado, la validación, el diseño de producto y la diferenciación. Ninguna IA puede suplir eso sin una mente humana crítica detrás”.
En paralelo, voces locales como la de Verónica Cheja, especialista en comunicación, insisten en que la clave sigue siendo el esfuerzo sostenido. El supuesto camino directo del «pensamiento al producto», como lo bautizó Eric Schmidt, puede ser accesible a todos. Pero eso solo significa que la competencia será mucho más feroz.
El músculo de la curiosidad
La IA, en lugar de facilitarlo todo, podría ampliar la brecha entre quienes se apasionan por aprender y quienes esperan soluciones automáticas. “Los desmotivados corren el riesgo de retroceder frente a un mundo que exige pensamiento cada vez más sofisticado”, alertó Bowell.
Aquí aparece un concepto clave: «darse maña». Una habilidad diferente de la inteligencia, aunque a menudo asociada. Significa tener voluntad de resolver, de buscar, de insistir. Aquello que un personaje teatral, creado por el actor Damián Dreizik, no tenía y lo llevaba a la ruina: naufragar por no saber cómo enfrentar la adversidad.
Josephine Zerna, investigadora de la Universidad de Tecnología de Dresden, publicó a fines de 2024 un artículo en la revista Psyche que retoma esa idea. Destacó que la pasión por el esfuerzo mental, más allá del coeficiente intelectual, mejora el bienestar y se entrena en la vida cotidiana.
Preferencia por lo desafiante
Elegir un libro difícil, ver una serie que nos exige atención o jugar un juego de estrategia en vez de un entretenimiento simple: todas son decisiones que fortalecen ese músculo. Para Zerna, la diferencia está en el deseo de aprender y el disfrute del proceso. Un patrón que no aparece de un día para otro, pero que marca la diferencia entre crecer o estancarse.
El fenómeno se ve de manera clara en comunidades como la de los speedcubers, fanáticos del cubo Rubik. Allí no sobresalen quienes tienen 150 de IQ, sino quienes insisten en mejorar. No hay una «meseta del OK», siempre se busca una vuelta de tuerca, un algoritmo más rápido. Y esa lógica, trasladada al trabajo con IA, puede marcar la diferencia.
IA, motivación y desafío intelectual
La IA no reemplaza el esfuerzo. Al contrario, lo revaloriza. Exige criterio, preguntas precisas, pensamiento estructurado. No es una varita mágica, sino una herramienta que potencia a quien ya está dispuesto a explorar.
Andrei Vazhnov, físico y futurista ruso, lo resumió con una metáfora simple: «El conocimiento es una isla, y su contorno crece a medida que aprendemos. Pero con cada metro ganado, también crece la conciencia de lo que desconocemos, ese océano inmenso frente a nosotros». Así, el nuevo desafío no será quién tiene acceso a la IA, sino quién está dispuesto a usarla con cabeza, con pasión por entender, y con la maña suficiente para no perderse en el intento.
