Hace más de 5,3 millones de años, las erupciones volcánicas en los Andes sudamericanos no solo alteraron el paisaje terrestre: también habrían cambiado la historia del océano Austral. Un estudio reconstruyó cómo la caída de cenizas ricas en minerales sobre esas aguas pudo haber favorecido el crecimiento del fitoplancton y, con eso, crear las condiciones para la expansión de las ballenas gigantes.

La investigación, publicada en Communications Earth & Environment, fue realizada por especialistas de Argentina, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Chile. A partir de modelos computacionales, fósiles y registros geológicos, el equipo llegó a una hipótesis fuerte: las cenizas actuaron como fertilizante natural en el mar y dispararon una cadena de cambios biológicos y climáticos.

Un océano más fértil

El punto de partida del trabajo fue el aporte de nutrientes que las erupciones andinas arrojaban sobre el océano Austral. Ese material, según los investigadores, pudo haber alimentado el crecimiento de microalgas del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina.

Pedro DiNezio, uno de los autores del estudio, explicó que esa mayor disponibilidad de alimento lejos de la costa habría obligado a las ballenas a desplazarse más para aprovecharlo. En ese proceso, los animales que podían recorrer mayores distancias y sostener ese esfuerzo habrían tenido ventajas, lo que empujó una evolución hacia tamaños más grandes.

Qué encontraron los científicos

Para reconstruir ese escenario, el equipo siguió el recorrido de las cenizas desde los volcanes hasta el mar y combinó esa información con sedimentos oceánicos, restos fósiles y señales de antiguas erupciones. El análisis mostró que, después de grandes pulsos de ceniza, aumentaba la productividad biológica del océano.

También hallaron otra consecuencia relevante: un mar con más vida puede absorber más dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo en el fondo marino. Según los modelos del estudio, ese mecanismo habría contribuido a una baja de hasta 15 partes por millón de CO₂, ayudando al enfriamiento global en ese período.

Ballenas, clima y volcanes

Los fósiles encontrados en la costa chilena reforzaron esa lectura. Los investigadores observaron que los momentos de mayor actividad volcánica coincidían con ecosistemas marinos más ricos y con una presencia más marcada de ballenas y otros grandes animales del mar.

Nicolás Cosentino, otro de los autores, señaló que el trabajo se enfocó en un proceso del pasado, pero deja una advertencia para el presente: los cambios en la interacción entre tierra, océano y atmósfera pueden ser complejos e inesperados. En otras palabras, fenómenos geológicos como el vulcanismo también pueden tener efectos de largo alcance sobre el clima y la vida marina.

Una pieza más para entender el pasado

El estudio no dice que las cenizas hayan sido la única causa del gigantismo en las ballenas, pero sí que pudieron jugar un papel importante en ese proceso. La novedad está en haber conectado con más precisión volcanes, nutrientes, productividad marina, enfriamiento global y evolución animal dentro de una misma historia.

Esa relación, que durante años había sido sugerida pero no medida con claridad, ahora suma evidencia concreta. Y abre una nueva forma de mirar el pasado de la Tierra: a veces, una erupción en la montaña puede terminar alterando la vida en el mar.