La NASA utiliza información obtenida mediante satélites, aviones y estaciones terrestres para estudiar la calidad del aire y seguir el desplazamiento de distintos contaminantes en la atmósfera. Uno de sus proyectos más recientes permitió reunir datos durante tres años en Adís Abeba, capital de Etiopía, donde una red de sensores detectó concentraciones elevadas de partículas finas PM2.5 y carbono negro. La investigación también identificó variaciones relacionadas con el tránsito, la quema de combustibles y determinadas celebraciones locales.

El trabajo fue realizado mediante el proyecto MAIA, financiado por la agencia espacial estadounidense, y analizó información recogida entre 2022 y 2025 en diez estaciones de monitoreo. Los resultados fueron publicados en la revista ES&T: Air y constituyen, según los investigadores, una de las series continuas más detalladas disponibles sobre contaminación atmosférica en Etiopía. El seguimiento permitió observar cómo cambian los niveles de partículas según la hora y la época del año.

La concentración media de PM2.5 registrada durante los tres años alcanzó los 30 microgramos por metro cúbico. El estudio señaló que esa cifra supera en más de tres veces el estándar anual basado en criterios sanitarios utilizado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Los sensores también midieron concentraciones de carbono negro entre cuatro y nueve veces superiores a las observadas por la misión en tres áreas metropolitanas estadounidenses.

Tránsito y combustión entre las fuentes identificadas

Las PM2.5 son partículas de hasta 2,5 micrómetros cuyo origen y composición pueden variar considerablemente entre ciudades. Entre los factores que influyen aparecen el tránsito, la actividad industrial, la utilización de combustibles y las características geográficas de cada lugar. El Informe sobre el Estado del Aire Global de 2025, citado por la investigación, asocia la exposición a este tipo de contaminación con aproximadamente 4,9 millones de muertes anuales en todo el mundo.

«Hasta donde sabemos, este es el primer estudio a largo plazo y en múltiples ubicaciones que realiza mediciones continuas de PM2.5 y carbono negro en Etiopía», explicó Sina Hasheminassab, investigador principal adjunto de MAIA en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. El especialista destacó la importancia de contar con registros sostenidos en ciudades donde las redes de medición todavía son limitadas.

Los datos mostraron aumentos de contaminación durante las horas de mayor circulación vehicular, pero también niveles importantes durante la noche. Araya Asfaw, de la Universidad de Addis Abeba y coautor del trabajo, vinculó parte de esas emisiones nocturnas con la utilización de carbón vegetal y otros combustibles. La red permitió además registrar aumentos de carbono negro durante dos festividades locales que incluyen hogueras.

Los investigadores pudieron distinguir las partículas generadas por esas fogatas de aquellas asociadas con la combustión de combustibles fósiles. Esa capacidad permite analizar no solo cuánto contaminante existe en el aire, sino también aproximarse a sus posibles fuentes. La información puede utilizarse posteriormente para orientar políticas específicas de reducción de emisiones.

Una ciudad que podría superar los 10 millones de habitantes

El área metropolitana de Adís Abeba reúne actualmente a casi seis millones de personas y, según proyecciones de Naciones Unidas citadas por el estudio, podría superar los diez millones hacia 2050. Ese crecimiento convierte a la ciudad en un escenario relevante para observar cómo evolucionan las emisiones y la exposición de la población en grandes centros urbanos. Etiopía comenzó además a implementar medidas destinadas a mejorar la calidad del aire.

La NASA sostiene que este tipo de registros puede aportar información para responsables sanitarios y autoridades encargadas de diseñar políticas ambientales. Conocer dónde se concentran las emisiones y en qué momentos aumentan permite orientar controles, modificaciones en el transporte u otras intervenciones. La utilidad de las mediciones aumenta cuando pueden sostenerse durante períodos prolongados y compararse entre diferentes regiones.

MAIA cuenta con redes terrestres en alrededor de una docena de áreas metropolitanas, entre ellas Los Ángeles, Atlanta y Boston, además de las ubicaciones internacionales incluidas en el proyecto. El siguiente paso será combinar esas estaciones con observaciones realizadas desde el espacio. Para ello se utilizará una cámara desarrollada por el JPL y prevista para ser enviada en un satélite de la Agencia Espacial Italiana no antes de finales de 2027.

Qué aportará el monitoreo desde el espacio

El instrumento estará diseñado para diferenciar distintos tipos de aerosoles a partir de la manera en que reflejan la luz. La cámara podrá observar una misma zona desde varios ángulos. Lo que permitirá obtener información adicional sobre la forma, el tamaño y la distribución de las partículas presentes en la atmósfera. Esos registros se combinarán con las mediciones realizadas desde tierra.

MAIA incorpora además especialistas en salud pública dentro de su equipo científico. Los investigadores buscarán relacionar los mapas de concentración de PM2.5 con información sanitaria. Y así estudiar si determinados tipos de partículas presentan asociaciones diferentes con distintos resultados de salud. El objetivo es agregar información sobre la composición de la contaminación a las mediciones tradicionales de concentración.

Kyan Shlipak, autor principal del estudio, destacó que las estaciones terrestres ya aportaron información relevante antes de que comience la etapa satelital. La incorporación de observaciones desde el espacio permitirá ampliar la cobertura y comparar con mayor detalle las condiciones dentro de cada ciudad. La combinación de ambas fuentes forma parte de la estrategia de la NASA para mejorar el seguimiento de la contaminación atmosférica y sus posibles efectos.