Senado en tensión: crece el malestar con Villarruel por el manejo del aumento salarial
La controversia por los aumentos en las dietas de los senadores sumó un nuevo capítulo esta semana con un giro inesperado: Victoria Villarruel, que había prometido no intervenir más en el tema, publicó la lista completa de quienes decidieron desengancharse del último incremento salarial, lo que generó fuertes reproches internos.
Hasta ese momento, todo transcurría en silencio institucional. El lunes había trascendido una resolución, firmada días antes, en la que la vicepresidenta reconocía el impacto de la paritaria de los trabajadores del Congreso y habilitaba a los senadores a decidir si querían aplicar o no la suba. La cifra en disputa ronda los $500.000 brutos, una diferencia menor sobre una dieta que ya supera los $9 millones.
El viernes, con el plazo de adhesión vencido, se había confirmado que al menos 30 senadores optaron por no recibir el aumento. Pero el ambiente se caldeó cuando Villarruel difundió el listado completo: 35 legisladores de la oposición dialoguista, más todo el oficialismo y el peronista riojano Fernando Rejal, continuarán recibiendo el incremento. Fue interpretado como un acto de exposición innecesaria que quebró pactos de discreción entre bloques.
La difusión del listado llegó acompañada de un mensaje que, según fuentes parlamentarias, cayó muy mal en las jefaturas de bloque. «¿No era que no se iba a meter más? ¿Ahora nos escracha y nos apura?», cuestionaron desde una bancada que había acompañado a Villarruel en varias sesiones. Otros apuntaron contra la gestión de su oficina: «Podría aprovechar para explicar por qué hay resoluciones que no aparecen. ¿A quién protege?».
Donaciones sin control ni reglamentación
Uno de los puntos más llamativos es que quienes no acepten el aumento no podrán donar el diferencial, mientras que quienes sí lo cobren tendrán libertad de destinarlo a donde quieran, si así lo desean. Sin embargo, no existe un mecanismo institucional para controlar ni verificar esos aportes.
Algunos, como la senadora Lucila Crexell, señalaron que donarían la diferencia al hospital Garrahan. Otros, como el riojano Rejal o el radical Flavio Fama, propusieron enviar los fondos a instituciones locales. Pero los aportes quedan librados a la voluntad individual, sin trazabilidad ni obligación de rendir cuentas.
La convivencia parlamentaria, en su punto más bajo
El malestar con la vicepresidenta no es nuevo, pero se profundizó en los últimos días. A las tensiones por el manejo de las dietas se sumó el reciente alejamiento del secretario administrativo, un hombre cercano a Villarruel, que dejó el cargo en medio de rumores por internas crecientes. «No cumple su palabra, es así de simple», dispararon desde otro despacho.
Desde la oposición advierten que la Cámara Alta está paralizada. «Con suerte se trata algo de la agenda del Gobierno y algún proyecto que viene de Diputados», se lamentaron desde una jefatura dialoguista. La renovación legislativa de diciembre asoma como un factor de mayor inestabilidad, con sectores dispuestos a recortar aún más el margen de maniobra de la vicepresidenta.
Por ahora, el Senado navega a la deriva. La relación entre Villarruel y los bloques opositores está rota, y las pocas figuras que aún logran tender puentes institucionales deben actuar con extrema cautela. Mientras tanto, en Casa Rosada celebran la fractura como una oportunidad para avanzar sin resistencia.