Boca eliminado del Mundial de Clubes tras empatar con el Auckland City
Boca se despidió del Mundial de Clubes con un papelón histórico: no pudo ganarle a Auckland City, un equipo conformado por futbolistas amateurs. El objetivo inicial era golear y esperar una derrota del Benfica (que ganó 1 a 0 al Bayern Múnich), pero el «Xeneize» nunca le encontró la vuelta a un rival que se cerró bien en defensa y expuso las enormes limitaciones de los dirigidos por Miguel Ángel Russo.
Fueron 81 los centros al área enviado por los jugadores de Boca, de los cuales apenas 20 fueron eficaces. Uno de ellos fue conectado por Di Lollo, cuyo cabezazo dio en el poste y luego ingresó al fondo del arco tras rebotar en el arquero Garrow. Lo más insólito es que en el primer corner a favor llegó el empate de los oceánicos (Gray, de cabeza).
Boca sigue en deuda en certamen internacional
Boca metió tanta gente en ataque que, cuando Auckland lograba manejar la pelota en el mediocampo, no había quien les hiciera sombra. Battaglia se movía como un parabrisas, tapando huecos a los costados, pero la presión tardaba en surtir efecto.
Los Xeneizes no robaban la pelota ni interceptaban pases; la volvía a tener casi siempre por errores técnicos de los neozelandeses. Luego, intentaba avanzar por los costados, pero al no encontrar espacios, volvía a empezar. Cavani, que volvía a jugar después de 36 días, sintió la inactividad. Se lo notó falto de ritmo, sin precisión. Y casi no tuvo chances.
Boca fue de mayor a menor en el torneo. Se plantó con autoridad en el debut, e incluso mereció más frente a Benfica, tras un primer tiempo de altísimo nivel, con juego, intensidad y presencia en campo rival. En la segunda fecha, resistió ante Bayern Múnich, llegó a empatarlo y terminó perdiéndolo sobre el final, empujado por la jerarquía del equipo alemán.
Lamentablemente, ante Auckland se vio una versión más apagada. La más floja. Boca tuvo dos chances claras sobre el cierre del primer tiempo: un remate de Palacios al palo y otro de Merentiel al travesaño. Pero dejó pasar el momento, se le vino encima el segundo tiempo y todo empezó a costar más.
El «Xeneize» necesitaba que el Benfica no gane
Un dato mantenía viva la esperanza. Benfica le había convertido el primer gol a Auckland recién a los 53 minutos de juego. Y después le marcó cinco más. Eso era exactamente lo que Boca necesitaba. Pero en Charlotte, las Águilas ganaban. Y en Nashville, Boca se iba quedando sin energía. Russo puso tantos jugadores de ataque que casi no se guardó variantes.
Ese fue, tal vez, el punto más flojo del equipo en todo el Mundial de Clubes: el recambio. Boca viajó con un plantel de 35 futbolistas, muchos, sin chances reales de pelear por un lugar. Lo sufrió en los tres partidos. De los refuerzos, Braida sumó minutos ante Bayern y Pellegrino debutó contra Auckland, por la baja de Artyon Costa y el conflicto con Marcos Rojo. Leandro Paredes recién se sumará en Buenos Aires. Estuvo en Estados Unidos, pero solo como turista.
El arranque del complemento terminó con la ilusión, que para ese momento ya se había convertido en agonía. Porque Auckland, en su primer tiro de esquina de la tarde, empató el partido con un cabezazo de Christian Gray. El mismo tipo de jugada que a Boca le hacen en casi todos los partidos: centro al área, anticipo y adentro.
Dos minutos después, una alerta por tormenta eléctrica obligó a suspender momentáneamente el juego. El protocolo del torneo, basado en las reglas de Estados Unidos, impide continuar cuando hay rayos cerca del estadio: la pausa es de 30 minutos como mínimo, y si persisten los relámpagos, se agregan otros 20, sin tope de tiempo. Durante ese parate, Bayern llegó al empate y la gente de Boca lo celebró en las tribunas. Pero el VAR lo anuló, y todo siguió igual. Al final, Benfica ganó, y al partido de Boca le sobraron casi 40 minutos: así goleara, no le alcanzaba. Cuando el equipo volvió a la cancha, ya sin Cavani y sin Velasco, el triunfo de Benfica ya era historia. Y la esperanza de Boca, también.
Boca eliminado del mundial de clubes
Boca se despidió del Mundial de Clubes con una imagen lejana a aquel primer tiempo ante Benfica, cuando todos se ilusionaron con un equipo protagonista y lo imaginaron en octavos de final. Su suerte empezó a definirse en ese debut: cedió el descuento sobre el cierre del primer tiempo, se desconcentró al final y el orden de los partidos lo terminó perjudicando. Mientras Benfica tuvo la oportunidad de marcar diferencias ante Auckland y llegar con margen a la última fecha, Boca debió remar de atrás y aferrarse a la épica para soñar con la clasificación.
No fue el final deseado. Porque Boca, a contramano de su historia, se fue del Mundial sin luchar. Dejó la sensación de que estaba para más, pero sumó una nueva eliminación en el plano internacional. Era previsible, sí. Pero no por eso deja de doler. Ahora, en Buenos Aires, comenzará una nueva etapa. Habrá salidas, llegadas, movimientos, con la templanza de Miguel Ángel Russo como guía y la expectativa de repetir -y sostener- la imagen de los primeros partidos.
En Estados Unidos, Boca recuperó el feeling con su gente y se reencontró después de mucho tiempo. Pero en el final, tiró gran parte de ese crédito por la borda. Terminó con un partido que, más que un comienzo de era, tuvo aroma a final de ciclo. Queda el aliento de la gente, la marea azul y oro que acompañó al equipo en Miami y Nashville, los banderazos, las promesas cumplidas y las que quedaron pendientes. Quedan los goles de Merentiel y el reconocimiento internacional. Pero también queda un desafío: poner todo en discusión y trasladar la grandeza de la gente a la cancha, sin depender de milagros.
