Hoy se cumple una semana desde la muerte de Mahsa Amini, la mujer iraní que fue detenida por no llevar bien puesto el velo. La joven perdió la vida por un infarto tras un coma que sufrió en la comisaría. En protesta, decenas de miles de mujeres salieron a las calles, se cortaron el cabello y quemaron sus hiyabs.

Como respuestas al reclamo, el gobierno de Irán envió a los policías, que intentaron aplacar a las multitudes con gases lacrimógenos y golpes de bastón. En ese contexto, la agencia de noticias local IRNA, informó 17 muertes, que incluyen a una adolescente de 16 años. Por su parte, desde el Gobierno prefirieron no confirmar el número de fallecidos.

Mujeres, vida y libertad” es la consigna que acompaña a los manifestantes que reniegan de las leyes que obligan a las iraníes a usar el velo en espacios públicos. Estas medidas fueron tomadas por el régimen teocrático en 1979. Ese año, a través de un referéndum, el país se convirtió en una república islámica.

Las protestas se esparcieron por 15 de las ciudades más importantes de la región. En donde, miles de mujeres, hombres y niños bloquearon calles, apedrearon a los policías e incendiaron vehículos oficiales. En contraparte, miles de hombres alineados al régimen religioso realizaron una contramarcha repudianto a los «alborotadores e infractores de las normas«.

La chispa que comenzó todo fue el fallecimiento de Mahsa Amini, una joven de 22 años que fue detenida el martes pasado por no llevar el velo de manera “correcta”. Tras el arresto, la trasladaron a la comisaría para que asista a “una hora de reeduación”, consignaron sus familiares. Sin embargo, horas después, fue internada en el Hospital Kasra de Teherán. La joven llegó en coma tras sufrir un ataque cardíaco en el destacamento.