Enfermedades crónicas: cómo impactan el estrés y la depresión en los pacientes
Las enfermedades crónicas ya representan más del 80% de las consultas en atención primaria, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). Y si bien su diagnóstico no siempre implica un desenlace fatal, sí suponen un cambio profundo en la vida de los pacientes. Para muchos, ese impacto también se traduce en cuadros de ansiedad, depresión, tristeza o fatiga persistente.
De hecho, cerca del 70% de las personas que padecen afecciones crónicas presenta síntomas depresivos, y dos de cada diez califican su salud mental como «mala» o «muy mala», según la última encuesta PaRIS de la OCDE. El dolor físico, el aislamiento social y la incertidumbre sobre el futuro se combinan en un cóctel que deja huella emocional.
“El diagnóstico genera un shock”: el proceso emocional
La psicóloga Julia Vidal, con más de dos décadas de experiencia en el abordaje del dolor crónico, advierte que «hay un shock con los primeros síntomas» y que la adaptación no siempre es inmediata. «El diagnóstico de una enfermedad crónica es un proceso adaptativo para cualquier persona, y los procesos adaptativos cursan con estrés», explicó.
El cambio de rutina, las visitas constantes a hospitales, la pérdida de autonomía o de calidad de vida, e incluso el impacto en las relaciones familiares y laborales, configuran un escenario propenso al desorden emocional. «Los problemas son tan grandes que pueden generar un trastorno mental», remarcó.
Las enfermedades gastrointestinales
El vínculo entre salud física y salud mental no es meramente anecdótico. Un informe reciente de la farmacéutica Takeda reveló que 8 de cada 10 pacientes con enfermedades gastrointestinales sufre algún tipo de problema de salud mental. Esto posiciona a este grupo de patologías como uno de los más afectados a nivel emocional.
La relación también se verifica en patologías como las cardiovasculares: «Si tenés tristeza, tenés el doble de probabilidad de sufrir otro infarto», ejemplificó Vidal. El estrés prolongado puede empeorar cuadros de diabetes, agravar dolores de cabeza, generar problemas digestivos o incrementar la tensión muscular.
Demoras en la atención pública: hasta 10 años
A pesar de la evidencia, la atención psicológica sigue siendo limitada dentro del sistema sanitario. «Hay algunas enfermedades que están atendidas de alguna manera, aunque todavía es mínimo a nivel psicológico, pero tenemos pocos recursos públicos», lamentó Vidal.
Según organizaciones de pacientes, una persona con dolor crónico puede tardar hasta diez años en recibir tratamiento adecuado en una unidad especializada. Y aunque las terapias psicológicas han demostrado mejoras significativas en la calidad de vida de los pacientes, su aplicación en la salud pública sigue siendo marginal.
Un enfoque integral: cuerpo, mente y entorno
Para Vidal, el abordaje de las enfermedades debe contemplar el modelo biopsicosocial. «No nos damos cuenta de que la salud y la enfermedad son cuestiones biopsicosociales y que hay que abordarlas desde los tres ámbitos», sostuvo.
La psicóloga destacó que trabajar sobre las emociones también favorece la adherencia al tratamiento médico, reduce las recaídas y mejora la percepción general de bienestar. «No tengo un solo paciente que haya venido a consulta y no haya salido infinitamente mejor», aseguró.
