Un reciente estudio del Instituto Weizmann de Ciencias ha encontrado una correlación entre la falta de calcio y el aumento de peso en adultos mayores. Lo que podría explicar el frustrante fenómeno de la obesidad sarcopénica. El cual está caracterizado por el aumento de grasa corporal y la pérdida de masa muscular, incluso sin cambios en la dieta. Los investigadores identificaron que un gen llamado SARAF, responsable de regular el calcio en las células, podría estar implicado en estos cambios metabólicos relacionados con la edad.

En el estudio, los científicos compararon ratones normales con ratones modificados genéticamente a los que se les eliminó el gen SARAF. Los resultados mostraron que los ratones sin este gen experimentaron una ralentización del metabolismo, acumulación de grasa, y pérdida de músculo a medida que envejecían. A los tres meses, estos ratones ya pesaban un 10 % más que sus contrapartes sin modificaciones, y a los 12 meses, su peso era un 20 % mayor.

La investigación también reveló que la acumulación de grasa en los ratones se concentraba principalmente en el abdomen. Un fenómeno similar a lo que ocurre en personas mayores. Además, estos ratones desarrollaron grasa blanca, el tipo de grasa asociada con la obesidad, en lugar de grasa parda, que es beneficiosa para el metabolismo. También presentaron signos de hígado graso y otras complicaciones de salud.

El estudio destaca que la disfunción en la liberación de calcio en las células hepáticas, en respuesta a la hormona vasopresina, es un factor clave que contribuye al desequilibrio energético, resultando en el almacenamiento de grasa. Esta alteración metabólica podría ser la causa subyacente de la obesidad sarcopénica, que no está directamente vinculada a cambios en la dieta.

Los investigadores concluyen que este hallazgo abre la posibilidad de desarrollar tratamientos para la obesidad relacionada con la edad. Aunque destacan que la actividad física sigue siendo un componente crucial para combatir la predisposición genética a esta condición.

En el estudio también participaron los siguientes investigadores: la Dra. Yael Kuperman, el Dr. Michael Tsoory y la Dra. Inbal Biton del Departamento de Recursos Veterinarios de Weizmann; Tomer Nataniel y el Dr. Raz Palty del Technion – Instituto Tecnológico de Israel; y el Dr. Izhar Karbat y la Dra. Anna Meshcheriakova del Departamento de Ciencias Biomoleculares de Weizmann.