El Gobierno decidió postergar por un mes la actualización del impuesto a los combustibles líquidos que impacta directamente sobre el precio de la nafta y el gasoil. La medida fue oficializada este lunes mediante el decreto 829, publicado en el Boletín Oficial, y extiende el diferimiento hasta el 1 de octubre.

La decisión apunta a contener el impacto sobre la inflación y mantener la presión tributaria sin modificaciones durante septiembre. Según explicó el Ejecutivo en el decreto firmado por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Diego Santilli y el ministro de Economía Luis Caputo, el objetivo es “continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible”.

De esta manera, el Gobierno volvió a aplicar una estrategia que ya había utilizado en abril y junio. A diferencia de otros meses, en esta oportunidad decidió diferir de manera total la actualización que debía comenzar a regir desde este martes.

Qué impuestos quedaron postergados

La decisión se produce mientras los impuestos a los combustibles líquidos acumulan actualizaciones pendientes correspondientes a distintos períodos de 2024 y 2025, además de dos trimestres de 2026. Estos incrementos están vinculados con la evolución de la inflación trimestral.

Entre los aumentos que todavía no fueron trasladados se encuentra el correspondiente al período abril-junio de este año. Su aplicación quedó ahora postergada hasta octubre, de acuerdo con lo establecido por el nuevo decreto.

La normativa también contempla un tratamiento particular para el gasoil destinado a la zona de influencia integrada por Neuquén, La Pampa, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, el partido bonaerense de Patagones y el departamento mendocino de Malargüe.

Nafta y gasoil: qué puede pasar con los precios

Con la actualización impositiva nuevamente diferida, el Gobierno busca evitar un aumento adicional en los precios de los combustibles durante septiembre. La medida también apunta a moderar el impacto que una suba de la nafta y el gasoil podría tener sobre otros sectores de la economía y, en consecuencia, sobre el índice de precios.

Los combustibles acumulan este año un aumento promedio del 25%. El incremento más fuerte se produjo en marzo, cuando el precio internacional del petróleo superó los US$120 por barril en medio de la guerra entre Estados Unidos e Irán.

En abril, YPF y luego las demás petroleras optaron por no trasladar completamente a los surtidores las variaciones del petróleo internacional. La estrategia permitió amortiguar parte del impacto de los cambios en el mercado externo sobre los precios internos.

Durante las últimas semanas, el petróleo volvió a bajar, aunque todavía se encuentra por encima de los valores registrados en febrero. Al mismo tiempo, las petroleras continúan buscando recomponer los márgenes que resignaron al absorber precios internacionales más elevados entre abril y julio.

Por ese motivo, no se esperan cambios inmediatos en los surtidores como consecuencia de la actualización tributaria. La nafta súper se mantiene por encima de los $2000 por litro en la Ciudad de Buenos Aires y el nuevo diferimiento evita, al menos durante septiembre, un incremento adicional derivado de los impuestos a los combustibles.