Medicamentos para adelgazar: qué se sabe del uso masivo de Ozempic y otros fármacos GLP-1
El uso extendido de medicamentos como Ozempic, Wegovy y Zepbound está ofreciendo a los científicos una cantidad de información inédita sobre sus efectos. Millones de personas en distintos países utilizan estos fármacos, lo que convirtió su expansión en una especie de experimento en tiempo real. Ese fenómeno permite observar beneficios, límites y dificultades que no siempre aparecen con la misma claridad en los ensayos clínicos.
Los medicamentos conocidos como GLP-1 fueron desarrollados inicialmente para tratar la diabetes y luego ganaron terreno en el abordaje de la obesidad. Con el tiempo, algunos también fueron aprobados para reducir riesgos cardiovasculares, tratar apnea del sueño y abordar problemas hepáticos o renales. Los investigadores creen que parte de esos efectos puede explicarse por la pérdida de peso, aunque también analizan beneficios independientes vinculados con la reducción de la inflamación.
Más usos bajo investigación
Especialistas estudian si estos fármacos podrían tener impacto en otras condiciones, como el Covid prolongado o los trastornos por consumo de sustancias. Algunas investigaciones iniciales sugieren que quienes los toman tienden a beber o fumar menos, aunque los científicos todavía piden estudios más amplios antes de sacar conclusiones firmes. La velocidad con la que se expandió su uso obliga a revisar los datos casi en simultáneo con la práctica médica.
Melanie Jay, directora del Programa Integral sobre Obesidad de NYU Langone, señaló que con otros medicamentos suele haber más tiempo para aprender a utilizarlos. En el caso de los GLP-1, dijo, la investigación y la experiencia clínica avanzan al mismo tiempo. Esa situación explica por qué muchas certezas todavía están en construcción.
Qué pasa al dejar el tratamiento
En ensayos clínicos, los fármacos inyectables disponibles mostraron pérdidas promedio de entre 15% y 20% del peso corporal después de unas 72 semanas. Sin embargo, estudios en el mundo real muestran resultados más variables, con descensos que pueden ubicarse entre el 8% y el 17%, según el medicamento y el grupo analizado. Una de las razones es que muchas personas abandonan el tratamiento por efectos secundarios, costos o dificultades para sostenerlo.
La recuperación de peso después de dejar estos medicamentos es frecuente, pero no siempre total. Un análisis de registros de más de 180.000 pacientes encontró que más de la mitad de quienes usaron semaglutida o tirzepatida mantuvieron parte del peso perdido, o incluso bajaron más, dos años después de suspenderlos. Según Hamlet Gasoyan, investigador de la Clínica Cleveland, algunos pacientes recurren luego a ejercicio intenso, cirugía bariátrica u otros tratamientos para sostener los resultados.
No todos responden igual
Los datos acumulados muestran que estos medicamentos no funcionan de la misma manera en todas las personas. Cerca de uno de cada diez usuarios es considerado «no respondedor», porque pierde menos del 5% de su peso corporal. En el extremo opuesto aparecen los «superrespondedores», que bajan mucho peso en poco tiempo.
Los científicos investigan qué factores explican esas diferencias. La genética, la relación individual con la comida y el nivel de recompensa que cada persona obtiene al comer podrían influir en la respuesta. Por eso, los especialistas insisten en que la indicación y el seguimiento deben ser personalizados.
Efectos secundarios y nuevas preocupaciones
Los efectos adversos más conocidos son náuseas, fatiga, vómitos, diarrea y otros problemas digestivos. Con el uso masivo, también aparecieron reportes menos frecuentes, como el llamado «aliento de Ozempic», asociado en parte a menor hidratación, o el «rostro Ozempic», vinculado con una pérdida rápida de grasa facial. Algunos pacientes también informaron caída de cabello, posiblemente relacionada con descensos bruscos de peso.
Hay preocupaciones más serias que siguen bajo estudio. Algunas investigaciones relacionaron estos fármacos con un leve aumento del riesgo de una afección ocular poco común, aunque no está claro si existe una relación causal directa. También se observaron deficiencias nutricionales en pacientes con apetito muy reducido y un aumento bajo, pero posible, del riesgo de pancreatitis.
Otro punto de atención es la pérdida de masa muscular. En pacientes jóvenes y saludables, el entrenamiento de fuerza y una ingesta adecuada de proteínas pueden ayudar a preservar o recuperar músculo. En adultos mayores, en cambio, esa pérdida puede aumentar la fragilidad y el riesgo de caídas.
La dosis y el impacto en la vida diaria
El esquema habitual comienza con dosis bajas y aumentos graduales. En general, dosis mayores producen más pérdida de peso y mejor control glucémico, pero también pueden elevar el riesgo de efectos no deseados. Scott Hagan, especialista de la Universidad de Washington, advirtió que una dosis demasiado alta puede llevar a una pérdida excesiva, déficits nutricionales, menor densidad ósea, alteraciones hormonales y cálculos biliares.
Los cambios no se limitan al cuerpo. Algunos pacientes reportan mayor confianza, más facilidad para moverse y mejoras en su vida cotidiana. Otros describen menor deseo sexual, cansancio o una sensación de menor disfrute, incluso en situaciones sociales vinculadas con la comida.
La investigadora Marie Spreckley, de la Universidad de Cambridge, señaló que algunos pacientes sienten una especie de aplanamiento emocional al perder el placer que antes encontraban en comer. Esas experiencias aún necesitan más investigación. A menos de una década de la llegada de Ozempic al mercado, el uso masivo de estos medicamentos sigue ampliando el conocimiento sobre sus beneficios, riesgos y efectos en la vida diaria.
