A 41 años de la desaparición de Diego Fernández Lima, la causa judicial intenta reconstruir qué ocurrió con el adolescente cuyos restos fueron hallados en mayo pasado enterrados en una vivienda de Coghlan. En el centro de la investigación se encuentra Cristian Graf, excompañero de escuela y actual dueño del inmueble donde fue hallado el cuerpo, imputado por encubrimiento agravado y supresión de pruebas.

Según consta en el expediente a cargo del fiscal Martín López Perrando, cuatro hombres que cursaron con Fernández Lima y Graf en la ENET N.º 36 brindaron declaraciones clave para entender el contexto escolar y social del año 1984, cuando se produjo la desaparición.

«Simpático, con calle y futbolero»

Uno de los testimonios más detallados corresponde a un exalumno que compartió el primer y segundo año de secundaria con Diego. Lo describió como un chico «muy simpático, con calle, gracioso, amiguero y querido» por sus compañeros. También resaltó que era «un gran jugador de fútbol», vinculado al Club Atlético Excursionistas.

El testigo aportó datos concretos sobre la rutina y los hábitos del joven. Recordó, por ejemplo, que Diego solía presumir un reloj Casio CA-90, el mismo que fue hallado junto a los restos y permitió estimar la época del crimen. Además, rememoró las salidas juntos a matinés y pizzerías de la zona.

Sobre el uniforme escolar, precisó que llevaban pantalón y corbata azul por la mañana y mameluco de taller por la tarde. «Usaba la corbata con un nudo desprolijo, medias blancas y botas con peluche», relató. También mencionó que solía colgarse objetos como una moneda, similar a la que se viralizó en medios.

«Si habló diez palabras, fue mucho»

En contraste, Cristian Graf fue caracterizado como un chico «muy tímido», que se incorporó al colegio en segundo año. «Si habló diez palabras, fue mucho», señaló el testigo. A diferencia de Diego, no se lo recordaba integrado al grupo ni con habilidades destacadas para las materias técnicas.

El testimonio indicó que Graf «provenía de otro colegio» y que no se sabía si cursó con ellos el tercer año. Aunque el foco actual de la investigación lo coloca como sospechoso principal, los excompañeros no recordaban actitudes violentas ni rasgos particulares más allá de su carácter reservado.

Una búsqueda que comenzó al día siguiente

Los otros tres exalumnos que declararon coincidieron en los perfiles trazados. Además, recordaron que al día siguiente de la desaparición, la madre de Diego se presentó en la escuela buscando información. Esa fue la primera señal de alarma que dio inicio a una búsqueda que se extendió durante más de cuatro décadas.

El análisis de la documentación escolar permitió confirmar detalles relevantes para la causa. Según los registros de la ENET N.º 36, Diego Fernández Lima ingresó en 1982, repitió segundo año en 1983 y cursó el primer trimestre de 1984. Su ausencia quedó asentada el 24 de julio de ese año, cuando no se presentó a rendir una materia previa. Es decir, apenas dos días antes de su desaparición.