El caldo de huesos ganó popularidad en los últimos años como suplemento en la alimentación de perros, tanto en hogares como en consultas veterinarias. Este alimento, obtenido al cocer huesos animales durante horas, contiene proteínas, minerales y compuestos como colágeno, gelatina, glucosamina y aminoácidos, que, según expertos, pueden impactar positivamente en distintas funciones corporales.

En el aparato digestivo, la composición rica en gelatina y aminoácidos ayuda a proteger y reparar el revestimiento intestinal. La organización sin fines de lucro American Kennel Club (AKC) señala que el caldo de huesos puede ayudar a mejorar la salud digestiva en perros con síndrome de intestino permeable o con problemas para absorber nutrientes. La veterinaria Amy Attas, autora de Pets and the City, indicó al sitio Rover que este preparado “favorece la absorción de nutrientes y puede mejorar el estado del revestimiento intestinal”.

En la salud articular, el caldo de huesos aporta colágeno, glucosamina y condroitina, componentes empleados en tratamientos para mantener la funcionalidad de las articulaciones, especialmente en perros mayores o con artrosis, afirma la Dra. Attas. También provee minerales como calcio, magnesio y fósforo, cuya cantidad depende de la receta y el tiempo de cocción, según estudios de la Journal of Food Control.

Para su preparación casera, se recomienda utilizar huesos crudos de pollo, res, cerdo o pavo, agua y una pequeña cantidad de vinagre de manzana para facilitar la extracción de minerales. Es fundamental evitar ingredientes peligrosos como cebolla, ajo, sal y condimentos artificiales. Tras una cocción lenta de 12 a 24 horas, se debe filtrar el líquido y descartar todos los huesos para prevenir accidentes.

La AKC enfatiza que nunca se deben ofrecer huesos cocidos a los perros, ni tampoco restos que puedan contener fragmentos. El caldo puede guardarse en la heladera hasta una semana o congelarse en porciones pequeñas. Existen también versiones comerciales desarrolladas para mascotas, libres de ingredientes perjudiciales.

Su inclusión en la dieta debe ser gradual y bajo supervisión profesional. Expertos consultados por Rover.com sugieren “comenzar con aproximadamente 1/8 de taza por cada 9 kg de peso corporal una vez al día, y aumentar hasta 1/4 de taza si no hay molestias digestivas”. Puede servirse solo, mezclado con alimento seco o húmedo, o como premio. En casos de inapetencia o recuperación, ayuda a estimular el consumo de líquidos y nutrientes.

Los especialistas coinciden en que el caldo de huesos no reemplaza comidas completas y debe integrarse a una dieta equilibrada adaptada a cada animal.