Un nuevo estudio científico identificó una franja etaria que resulta decisiva para la salud futura: entre los 36 y los 46 años, las conductas de riesgo aumentan las probabilidades de padecer enfermedades físicas y mentales en la vejez. La investigación analizó a lo largo de más de tres décadas los hábitos de una población finlandesa. Y adviertió que este período de la vida podría marcar la diferencia entre envejecer con bienestar o enfrentar un deterioro acelerado.

Según el estudio, publicado en Annals of Medicine, adoptar rutinas saludables en esa etapa crítica puede mejorar significativamente la calidad de vida en la adultez mayor. Las principales conductas de riesgo identificadas fueron el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y el sedentarismo.

El momento donde las decisiones pesan más

Los resultados surgieron del Estudio Longitudinal de Personalidad y Desarrollo Social de Jyväskylä, en Finlandia, que siguió a más de 200 personas desde 1986. Las mediciones se realizaron en cinco momentos clave: a los 27, 36, 42, 50 y 61 años. En cada uno se registraron parámetros de salud como presión arterial, colesterol, glucosa y perímetro de cintura, y se evaluó el bienestar psicológico.

Los investigadores observaron que la acumulación de hábitos nocivos entre los 36 y 46 años se vincula directamente con un mayor deterioro físico y emocional en las décadas siguientes. En contraposición, quienes sostuvieron una vida activa, evitaron el tabaco y moderaron el alcohol, conservaron una mejor salud general.

Tiia Kekäläinen, autora principal del estudio y especialista en envejecimiento en la Universidad de Jyväskylä, sostuvo que “abordar estos comportamientos de riesgo lo antes posible es clave para evitar que sus efectos se acumulen y deriven en una mala salud en la adultez”.

El cigarrillo y la pérdida de años saludables

Otra investigación citada por el estudio, publicada en el Journal of Addiction, reveló que cada cigarrillo fumado puede reducir la esperanza de vida en hasta 22 minutos. Este impacto es más profundo en mujeres que en hombres y representa casi el doble de lo que se creía hasta ahora. Más allá del número de años vividos, el tabaquismo resta años con buena calidad de vida.

La doctora Sarah Jackson, del University College de Londres, explicó que “fumar acorta los años finales marcados por enfermedades. Y también los relativamente saludables de la mediana edad”. Según el estudio, un fumador de 60 años podría tener el mismo estado físico que un no fumador de 70.

Enfermedades crónicas y señales tempranas

Los ACV o accidentes cerebrovasculares —que antes eran considerados una preocupación exclusiva de adultos mayores— están afectando cada vez más a jóvenes y mujeres, según datos recientes. Uno de los estudios más amplios en la región, publicado en The Lancet Regional Health – Americas, mostró que, si bien la tasa general de ACV disminuyó desde 1990, su incidencia en menores de 60 años comenzó a subir desde 2015.

La investigación abarcó a 38 países y contó con la participación de dos expertos argentinos: el neurólogo Sebastián Ameriso, jefe del Departamento de Neurología de Fleni, y Matías Alet, secretario de la Sociedad Neurológica Argentina. Ambos destacaron la importancia de incorporar hábitos preventivos desde edades tempranas para reducir el impacto de enfermedades cardiovasculares en las siguientes generaciones.

Prevenir a tiempo: el mensaje del estudio

El trabajo resalta que prevenir la acumulación de conductas perjudiciales desde la mediana edad es mucho más eficaz que intentar revertir sus efectos años después. La evidencia es contundente: los pequeños hábitos diarios construyen, con el paso del tiempo, el estado general con el que se enfrentará la vejez.

El informe concluye que una mayor conciencia sobre la importancia de estos años intermedios de la vida podría generar un cambio cultural en la forma en que se piensa el envejecimiento. No se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor.