Mientras el Gobierno nacional avanza con su estrategia de desinflación, distintos sectores productivos reclaman reformas estructurales para bajar la presión fiscal sobre los alimentos. Un informe reciente de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) puso el foco en cómo los impuestos explican una parte sustancial del precio del pan, la leche y la carne.

Según detallaron desde la entidad, uno de cada cuatro pancitos que se consumen en el país está compuesto por impuestos. En el caso de la carne, el 25% del valor corresponde a tributos, mientras que en la leche un solo vaso contiene más carga fiscal que ganancia.

El precio de cualquier alimento se compone de tres elementos: costos, ganancia e impuestos. Y es este último el que más está impactando, especialmente en los productos de consumo masivo. Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA, explicó que en el caso de la carne «por cada $10.000, estamos pagando $2.500 de carga impositiva». Lo mismo ocurre con otros productos esenciales, donde el peso fiscal supera incluso el margen de ganancia.

La medida de transparencia que obliga a mostrar en góndolas el precio con y sin impuestos volvió más visible el problema. «Esto ayuda a tomar conciencia sobre la incidencia del Estado en todos los eslabones de la cadena productiva, aun cuando no asume ningún riesgo», afirmó Antonella Semadeni, también economista de FADA.

Pan, carne y leche: qué se paga y por qué

En el caso del pan, el 24% del precio final son impuestos, mientras que un 64% se destina a cubrir los costos de la panadería. El trigo representa apenas un 8%, y el molino un 4%. Las ganancias se ubican en torno al 16%.

Para la carne, la carga tributaria también es del 25%. El resto del valor se reparte entre la cría (28%), el feedlot (24%), el frigorífico (2%) y la carnicería (21%). Pisani Claro subrayó que «el transporte representa solo un 2%, pero es un costo clave por el impacto del precio del combustible».

En cuanto a la leche, el 26% del precio son impuestos, un 28% corresponde al tambo, otro 26% a la industria y un 20% al comercio. «Aquí los mayores aumentos recientes se vieron en la alimentación de las vacas y en los costos de comercialización», detalló Semadeni.

Impuestos que superan a las ganancias

Una de las principales alertas que enciende el estudio es que los impuestos superan a las ganancias en casi todos los casos analizados. En la leche, por ejemplo, las utilidades apenas representan el 7% del precio. «Es una situación injusta —plantea Semadeni— porque mientras el productor asume riesgos climáticos, sanitarios y de mercado, el Estado obtiene su parte en cada paso sin asumir ninguna exposición».

A nivel nacional, el IVA encabeza el listado de tributos. En las provincias, los ingresos brutos hacen su parte, y a nivel municipal se suman tasas diversas a la industria y el comercio. Según FADA, más del 70% de la carga fiscal que impacta en los alimentos es de origen nacional.

Desmitificar para legislar mejor

Los especialistas afirman que visibilizar la composición de precios es clave para derribar ideas erróneas que históricamente frenaron políticas públicas. «Durante años se creyó que bajar retenciones aumentaría el precio de los alimentos. Pero eso es falso», explicó Semadeni. Y agregó: «El 90% del precio responde a factores como impuestos, transporte, salarios, energía y alquileres. Por eso, insistimos en poner el foco en lo que realmente encarece la comida». Desde el agro, la expectativa es clara: si el Gobierno quiere mejorar el poder adquisitivo sin afectar al productor, deberá revisar de forma urgente la estructura impositiva.