Un meta análisis global sobre videojuegos y capacidades cognitivas encontró una relación positiva, aunque débil, entre jugar y obtener mejores resultados en ciertas pruebas mentales. El trabajo fue publicado en la revista Acta Psychologica y analizó 133 investigaciones realizadas entre 2005 y 2025. En total, reunió datos de 14.245 participantes de distintos países y edades.

El estudio fue coordinado por investigadores de la School of Psychology de la Shanghai Normal University, bajo la dirección de Xuechen Ding y Junyi Li. La conclusión principal fue que los videojuegos pueden asociarse con mejoras en memoria, atención, control cognitivo, inteligencia y capacidad espacial. Sin embargo, el efecto detectado fue pequeño y no alcanza para hablar de un cambio amplio o decisivo en el rendimiento mental.

Qué encontró el estudio

Los investigadores aplicaron tres tipos de análisis: estudios correlacionales, comparaciones entre jugadores y no jugadores, y ensayos controlados. Los resultados mostraron una correlación general positiva, pero baja, entre videojuegos y desempeño cognitivo. En los ensayos controlados, considerados más estrictos, el efecto fue todavía más reducido.

En términos prácticos, esto significa que quienes juegan videojuegos tienden a rendir apenas mejor en algunas pruebas cognitivas. La diferencia con quienes no juegan existe, pero es mínima. Por eso, los autores pidieron interpretar los resultados con cautela.

El único dominio donde la asociación apareció de manera más consistente fue la memoria. Allí se observó un patrón más robusto en los distintos tipos de estudios revisados. En cambio, áreas como atención, capacidad espacial, inteligencia y control cognitivo mostraron mejoras más irregulares o menos marcadas.

La memoria, el efecto más consistente

La frecuencia de juego fue uno de los puntos más relevantes del análisis. El estudio encontró que quienes juegan con mayor frecuencia suelen obtener mejores resultados en pruebas de memoria. Los autores interpretaron este dato como un posible efecto de práctica repetida en tareas que exigen recordar información, secuencias o decisiones dentro del juego.

Aun así, el trabajo no permite afirmar que los videojuegos mejoren la memoria de manera causal. También podría ocurrir que quienes ya tienen mejor desempeño en esa área se sientan más atraídos por ciertos juegos. Esa diferencia es importante porque evita convertir una asociación estadística en una conclusión definitiva.

El meta análisis también revisó si esas habilidades se trasladan a la vida diaria. Allí los resultados fueron más limitados. La mayor parte de la evidencia apunta a mejoras en tareas parecidas a las que aparecen dentro del videojuego, pero no necesariamente en capacidades generales aplicables fuera de ese contexto.

Tipo de juego, edad y género no cambiaron el resultado

Uno de los objetivos del estudio fue analizar si el efecto variaba según el tipo de videojuego, la edad, el género, el país o la condición de salud de los participantes. Tras aplicar controles estadísticos más estrictos, los investigadores no encontraron diferencias significativas. Los beneficios detectados se mantuvieron pequeños en todos los grupos.

Tampoco apareció una ventaja clara para un tipo específico de videojuego. Los juegos de acción, rompecabezas, deportes u otros géneros no mostraron una influencia fuerte y consistente sobre el resultado global. Esto relativiza la idea de que ciertos juegos puedan funcionar como una herramienta amplia para mejorar la mente.

El trabajo también mencionó posibles adaptaciones cerebrales vinculadas al uso repetido de videojuegos. Algunas investigaciones relacionan esa práctica con cambios funcionales en áreas asociadas a la atención, el control ejecutivo y la recompensa. De todos modos, los autores describieron esos cambios como adaptaciones modestas, no como transformaciones profundas.

Un resultado moderado y con límites

El meta análisis reconoció una alta heterogeneidad entre los estudios revisados. Las investigaciones incluidas variaban en duración, frecuencia de juego, plataformas, edades, países y calidad metodológica. Esa diversidad dificulta establecer conclusiones generales demasiado firmes.

Los autores también remarcaron que faltan estudios longitudinales sólidos. Ese tipo de trabajos permitiría saber si los beneficios cognitivos, aunque leves, se sostienen con el tiempo. Por ahora, no está claro si las mejoras detectadas son duraderas o si responden a efectos más temporales.

El balance general del estudio es moderado. Los videojuegos no aparecen como una amenaza cognitiva generalizada, pero tampoco como una herramienta capaz de producir mejoras amplias en la mente. La evidencia indica que pueden asociarse con pequeños beneficios, sobre todo en memoria, aunque todavía falta investigar mejor cuánto duran y qué impacto real tienen fuera del juego.