La Sociedad Latinoamericana de Vacunología pidió que la vacunación sea incorporada desde el inicio de la respuesta sanitaria en las zonas afectadas por los terremotos en Venezuela. El organismo advirtió que la inmunización no debe quedar relegada a una etapa posterior de recuperación, sino formar parte de las primeras medidas de asistencia. El objetivo es reducir el riesgo de brotes en un contexto de desplazamiento, hacinamiento y deterioro de los servicios básicos.

El comunicado fue emitido tras el doble terremoto que golpeó a Caracas y La Guaira, dos zonas que quedaron bajo fuerte presión sanitaria. La entidad aclaró que los sismos, por sí solos, no provocan epidemias. Sin embargo, la interrupción de servicios de salud, la pérdida de registros vacunales, los problemas de agua y saneamiento y las brechas previas de inmunidad pueden elevar el riesgo de enfermedades prevenibles.

Tétanos, esquemas incompletos y personal de rescate

Una de las prioridades señaladas por la SLV es la profilaxis contra el tétanos en personas con heridas de riesgo. Las lesiones provocadas por escombros, vidrios o contaminación con tierra requieren evaluación inmediata, limpieza adecuada y vacunación según la situación clínica. El organismo remarcó que no se debe demorar la atención de heridas mientras se intenta verificar el antecedente vacunal.

La entidad también recomendó aplicar vacunación presuntiva cuando no pueda confirmarse el esquema de una persona. Esto significa vacunar según edad y riesgo aunque no haya carné, registro digital o documentación disponible. La medida apunta especialmente a niños, adolescentes, personas mayores, embarazadas, pacientes crónicos, inmunosuprimidos y residentes de albergues colectivos.

El personal sanitario, rescatistas, vacunadores y voluntarios también fue incluido entre los grupos prioritarios. Para la SLV, proteger a los equipos de respuesta es clave para evitar que la emergencia derive en una crisis sanitaria más amplia. La continuidad de los servicios depende, en parte, de que quienes asisten a la población también estén inmunizados.

Una hoja de ruta en tres etapas

El documento propone organizar la respuesta vacunal en tres fases. En las primeras 72 horas, el foco debe estar puesto en revisar existencias de vacunas, inmunoglobulina, diluyentes, jeringas y equipos de cadena de frío. También se recomienda sumar registros mínimos de emergencia, incluso en papel, para no perder información sobre las dosis aplicadas.

Entre los días 3 y 28, la estrategia debería ampliarse hacia la recuperación de esquemas interrumpidos. En esa etapa, la SLV mencionó vacunas contra sarampión-rubéola, poliomielitis, difteria-tétanos-tosferina, hepatitis B e influenza. Las brigadas deberían concentrarse en albergues, zonas aisladas y comunidades con menor acceso sanitario.

En una fase posterior, el objetivo pasa por reforzar una red de inmunización más resistente. Esto incluye reponer material perdido, mejorar registros y fortalecer la vigilancia activa ante posibles brotes. La entidad también pidió evitar campañas paralelas o donaciones sin coordinación con el sistema sanitario venezolano.

Qué vacunas podrían priorizarse

La SLV planteó un esquema de decisión rápida para contextos de recursos limitados. Primero, atender tétanos y rabia cuando existan heridas o exposiciones de riesgo. Después, reconstruir esquemas vacunales en personas con antecedentes incompletos o desconocidos.

Luego, el organismo recomendó priorizar influenza, COVID-19 y neumococo en personas de mayor riesgo o en espacios colectivos. En cambio, vacunas como hepatitis A, cólera, meningococo, chikungunya o fiebre amarilla deberían considerarse solo si una evaluación epidemiológica local lo justifica. La entidad insistió en que cada decisión debe responder al riesgo real de cada zona afectada.

La documentación también aparece como un punto sensible. Por eso, la organización propuso usar una Tarjeta de Vacunación de Emergencia, física e imprimible, para registrar dosis aun cuando no funcionen los sistemas electrónicos. Cada contacto con el sistema de salud debería servir para revisar esquemas y cerrar brechas de inmunización.

El riesgo de una segunda emergencia sanitaria

El pedido de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología apunta a evitar que la emergencia sísmica derive en una segunda crisis de salud pública. El organismo solicitó apoyo técnico y financiero de gobiernos, donantes y entidades multilaterales, pero canalizado a través del Ministerio de Salud y el Programa Ampliado de Inmunización. También mencionó la necesidad de vacunas prioritarias, inmunoglobulina, insumos y equipos para sostener la respuesta.

La entidad remarcó que las vacunas no reemplazan otras medidas básicas de salud pública. Agua segura, saneamiento, higiene, atención temprana y vigilancia epidemiológica siguen siendo indispensables para reducir riesgos. La inmunización, en ese marco, funciona como una herramienta complementaria para proteger a la población más vulnerable.

El mensaje central del comunicado es que la vacunación debe formar parte de la respuesta desde el primer momento. En zonas con población desplazada, pérdida de registros y servicios dañados, esperar puede ampliar las brechas de protección. Para la SLV, actuar a tiempo puede evitar que el impacto sanitario del terremoto se prolongue más allá de la destrucción inicial.