Se frenó el boom importador: caen las compras al exterior y el consumo débil empieza a marcar el ritmo
Después de varios meses de fuerte expansión, las importaciones entraron en una etapa de enfriamiento. Los datos del primer bimestre de 2026 confirmaron que el impulso importador que habían mostrado durante buena parte del año pasado perdió fuerza: entre enero y febrero, las compras al exterior acumularon una baja de 11,9% frente al mismo período de 2025.
El cambio de tendencia aparece en un contexto donde la apertura comercial sigue vigente y el peso continúa apreciado, dos factores que, en principio, podrían haber empujado más ingresos de mercadería. Sin embargo, la demanda interna floja, la desaceleración de la actividad y los sobrestocks que quedaron de 2025 terminaron imponiendo otro escenario.
Menos importaciones pese a un dólar favorable
Según el Indec, en el primer bimestre del año las importaciones sumaron USD 10.231 millones, por debajo de los USD 11.617 millones del mismo tramo del año anterior. Al mismo tiempo, las exportaciones avanzaron y eso empujó una mejora fuerte en el saldo comercial: el superávit pasó de USD 438 millones en enero-febrero de 2025 a USD 2.977 millones este año.
La lectura de ese dato no pasa solo por el valor en dólares. La caída se explica, sobre todo, por las cantidades. Es decir, no solo ingresó menos plata destinada a importaciones: también se compraron menos unidades. En febrero, casi todos los grandes rubros mostraron retrocesos, con excepción de los autos, que igual apenas crecieron en volumen.
Qué sectores mostraron mayores caídas
Entre los rubros con mayores bajas aparecieron los bienes de capital, que retrocedieron 22,9%. También cayeron las piezas y accesorios para bienes de capital, con una merma de 29,4%, y los combustibles y lubricantes, que bajaron 17,2%.
A eso se sumaron los bienes intermedios, clave para el proceso productivo, con una baja de 5%, y los bienes de consumo final, que también retrocedieron 3,3%. El cuadro muestra que el freno no quedó limitado a un solo segmento, sino que se extendió a distintas áreas de la economía.
El consumo flojo y la actividad, en el centro del problema
Una de las claves para entender esta pausa importadora está en la debilidad de la demanda. La economía dejó atrás la velocidad que mostraron algunos sectores durante 2025 y hoy arrastra un consumo mucho más contenido. Si se excluyen actividades como agro, pesca y minería, el resto del aparato productivo muestra señales de estancamiento.
Eso tiene una consecuencia directa sobre las compras al exterior. Si las fábricas producen menos, necesitan menos insumos importados. Si la inversión pierde dinamismo, también se frenan los bienes de capital. Y si el consumo final no acompaña, la mercadería que entró en meses anteriores tarda más en salir.
El stock acumulado ahora juega en contra
Otro de los factores que explica la caída es el adelantamiento de compras que se produjo durante 2025. Muchas empresas aprovecharon la apertura comercial y la expectativa de posibles cambios cambiarios para traer mercadería antes. Ese movimiento se vio en sectores como químicos, calzado, automotriz y electrodomésticos.
El resultado fue una acumulación de stock que hoy pesa sobre las decisiones de compra. Con depósitos llenos y ventas por debajo de lo esperado, muchas firmas optaron por bajar el ritmo importador. En otras palabras, buena parte de la mercadería que había entrado para cubrir una demanda proyectada terminó quedando inmovilizada más tiempo del previsto.
El freno también se sintió en la calle
Ese proceso no se explica solo en planillas. Importadores de distintos sectores describen un cuadro de ventas muy flojo durante el último trimestre de 2025 y en el inicio de este año. En algunos casos, aseguran que sus clientes registraron caídas de entre 30% y 40% en las ventas al público.
Ese escenario obligó a muchas empresas a defender volumen resignando margen. En varios rubros, los precios prácticamente no se movieron desde fines de 2023, mientras que otros costos siguieron subiendo. El problema, entonces, no pasa solo por vender menos, sino también por sostener rentabilidad con una estructura cada vez más presionada.
La apertura sigue, pero ya no alcanza sola
El cuadro actual también deja una señal política y económica más amplia. La apertura comercial y el abaratamiento relativo de los bienes importados continúan, pero ya no alcanzan por sí solos para sostener el mismo ritmo de compras que se vio en los meses más intensos de 2025.
Parte de esa diferencia se explica porque los sectores que hoy más empujan la actividad, como el agro o la minería, generan divisas, pero no tienen una demanda tan alta de insumos importados como la industria. Y justamente en la industria es donde la actividad se muestra más apagada.
Qué espera el mercado para lo que queda de 2026
De cara a los próximos meses, la expectativa es que las importaciones puedan recuperar algo de terreno, aunque lejos del boom del año pasado. Los analistas que siguen el comercio exterior proyectan un avance moderado en valor para 2026, en torno al 7% u 8%, si la actividad encuentra algo más de aire y los stocks empiezan a normalizarse.
Aun así, no se espera un rebote fuerte en el corto plazo. El consumo sigue débil, la inversión no termina de despegar y buena parte de las empresas todavía trabaja con un colchón de mercadería que limita nuevas compras. Por eso, el panorama más probable es el de importaciones más contenidas y un superávit comercial que siga alto.
