El yogur, a pesar de su popularidad actual y su presencia en planes de alimentación en todo el mundo, es un alimento antiguo originario de Asia Occidental y Oriente Medio, reconocido por sus propiedades nutritivas. Su nombre proviene del turco «yoğurmak», que significa cuajar o espesar. Hace referencia a una técnica empleada por pastores nómadas para almacenar leche en bolsas de piel de animal. Donde se produce la fermentación gracias al calor corporal y las enzimas naturales.

Además de ser una fuente importante de proteínas y calcio, el yogur desempeña un papel clave en el fomento de una microbiota intestinal diversa. Ya que está relacionada con un menor riesgo de enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 y trastornos inflamatorios crónicos, según expertos de Harvard.

Se ha observado que la ingesta diaria de yogur puede proteger contra enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2. Estudios muestran un riesgo menor de desarrollar diabetes tipo 2 con la ingesta diaria de yogur. Posiblemente debido a las bacterias beneficiosas que reducen la inflamación o mejoran la acción de la insulina.

Además, los consumidores de yogur tienen una mayor ingesta de nutrientes y muestran hábitos más saludables. Como una menor prevalencia de fumar y mayor actividad física, según un estudio publicado en The Journal of Nutrition. Esto contribuye a una menor incidencia de problemas relacionados con el sobrepeso y la obesidad.

Una investigación de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. también encontró que el consumo de yogur se asoció con una mejor alimentación y un menor riesgo de sobrepeso u obesidad, destacando que los consumidores de yogur tenían dietas de mayor calidad y menor peso corporal. Las Guías Alimentarias de Argentina y la Fundación Española del Corazón recomiendan el consumo diario de hasta 250 gr yogur, lo que respalda los beneficios nutricionales y de salud asociados con este alimento.