Por qué el plazo fijo UVA volvió a crecer y resurge como opción para ganarle a la inflación
Después de un 2025 marcado por la fuerte caída de los depósitos ajustados por inflación, los plazos fijos UVA empezaron a mostrar señales de recuperación. El rebote se dio en el primer bimestre de 2026 y volvió a instalar a este instrumento como una de las alternativas más eficaces para quienes buscan resguardar sus pesos frente al avance de los precios.
El cambio no fue casual. En un escenario en el que la inflación volvió a pesar sobre las decisiones de ahorro, parte de los ahorristas comenzó a reordenar sus carteras y a mirar otra vez productos que garanticen preservar poder adquisitivo. En ese movimiento también influyó la estrategia de la banca pública, que buscó hacer más atractivo un instrumento históricamente penalizado por su falta de liquidez.
Un rebote después de un año muy flojo
Durante 2025, los depósitos UVA atravesaron un retroceso pronunciado. La caída se sostuvo a lo largo de los meses por una combinación de factores: la preferencia de muchos ahorristas por productos más líquidos, el atractivo de algunos instrumentos a tasa fija en un contexto de desaceleración inflacionaria y el plazo mínimo de permanencia, que volvía menos flexible a esta colocación.
Ese deterioro se reflejó en el stock promedio mensual. Medido a precios constantes, los depósitos ajustables pasaron de $840.500 millones a fines de 2024 a $698.400 millones en diciembre de 2025. En ese mismo período, los plazos fijos tradicionales y los depósitos a la vista remunerados ganaron terreno, impulsados por una lógica más atada a la disponibilidad rápida del dinero.
Qué muestran los números de 2026
Los datos del Banco Central para febrero de 2026 marcaron un corte en esa tendencia descendente. El sistema financiero registró $375 mil millones en plazos fijos ajustables por UVA, una cifra que implicó una mejora real mensual del 18,7% respecto de enero. Aun así, el rebote no alcanzó para borrar el golpe previo: en comparación con febrero de 2025, el stock todavía mostraba una caída real interanual del 51,6%.
Dentro de ese total, los depósitos UVA tradicionales sumaron $154 mil millones, mientras que los precancelables concentraron $221 mil millones. Ese reparto deja ver una preferencia por las variantes que ofrecen una salida anticipada, aun cuando eso implique resignar parte del beneficio de la indexación. En paralelo, los plazos fijos a tasa fija siguieron dominando el mercado con un volumen muy superior, al totalizar $57.716 miles de millones en febrero.
Por qué el UVA protege mejor frente a la inflación
La lógica de este instrumento está en su mecanismo de actualización. La UVA se mueve todos los días en función del Coeficiente de Estabilización de Referencia, que a su vez sigue la evolución del Índice de Precios al Consumidor. Eso permite que el capital depositado mantenga su capacidad de compra y no quede licuado por la inflación.
A esa actualización se le suma una tasa de interés real, por lo que el rendimiento final se ubica, en teoría, por encima del simple acompañamiento de los precios. Ahí está la principal ventaja frente al plazo fijo tradicional: mientras la tasa fija puede quedar retrasada si la inflación acelera, el UVA evita ese riesgo porque ajusta por definición con el IPC.
El rol del Banco Nación en el cambio de tendencia
En medio de esa recuperación, Banco Nación lanzó una variante que buscó atacar el principal punto débil del producto: la falta de flujo durante la vida del depósito. La nueva modalidad permite cobrar intereses todos los meses, con una tasa anual del 4,5%, mientras el capital ajustado por UVA se percibe al vencimiento.
Con ese esquema, el banco estatal buscó captar ahorristas que necesitan una renta periódica, pero no quieren perder cobertura frente a la inflación. El instrumento exige un plazo mínimo de 90 días, un máximo de 1.095 días y un monto inicial de $1.500. La apuesta apunta a que quienes antes descartaban el UVA por inmovilizar fondos durante demasiado tiempo ahora lo vean como una opción más compatible con sus necesidades corrientes.
Qué cambió en la mirada de los ahorristas
El regreso del plazo fijo UVA también refleja un cambio en el cálculo de muchos inversores. Durante varios meses de 2025, la tasa fija alcanzó para superar la inflación en determinados tramos, lo que la volvió una alternativa competitiva sin necesidad de inmovilizar el capital por tanto tiempo. Pero cuando reaparece el temor a una aceleración de precios, ese atractivo puede diluirse rápido.
En ese contexto, el instrumento ajustable vuelve a ganar lugar como refugio. La suba real del 18,7% en febrero muestra justamente que una parte del mercado volvió a priorizar la protección del capital. Todavía no se trata de un regreso masivo, pero sí de una señal de cambio respecto del año pasado.
El desafío que sigue para el sistema financiero
Por ahora, la distancia con los plazos fijos tradicionales sigue siendo amplia. Sin embargo, el repunte del inicio de 2026 abrió una nueva discusión en el sistema financiero: si otras entidades replicarán esquemas similares al de Banco Nación para tentar a los ahorristas con productos atados a la inflación, pero menos rígidos en su funcionamiento.
El dato de fondo es que el plazo fijo UVA volvió a instalarse en la conversación sobre ahorro en pesos. Y lo hizo por una razón simple: cuando la prioridad es no perder contra la inflación, sigue siendo uno de los pocos instrumentos diseñados específicamente para eso.
